Semblanza del H. Jesús Pérez Rojo SJ

El H. Jesús Pérez (Villanueva de los Nabos, Palencia, 27/07/1936 – Villagarcía de Campos, Valladolid, 04/06/2017), natural de Villanueva de los Nabos, provincia de Palencia, nació el 27 de julio de 1936. Hijo único del matrimonio de Jesús y Juliana, quedó huérfano a los tres meses y lo acogieron sus abuelos, que vivían en el pueblo de Villaturde, a 2,5 Km. de Villanueva. Ambos pueblos se encuentran en la Vega del Río Carrión a una distancia de poco más de 6 Km. de Carrión de los Condes, a 40 Km. de Palencia, punto de encuentro político, religioso, cultural y social-económico de la España medieval y, además, etapa obligada del Camino de Santiago.

Los únicos datos que tenemos de sus primeros quince años se encuentran en las Notas Mayores. Fue bautizado en la parroquia de Santa María de Villanueva el día 2 de agosto, pocos días después de nacer y confirmado por el Sr. Obispo de Palencia D. Manuel González García en la parroquia de Santo Tomás Apóstol de Villotilla a 7,7 Km. de Villanueva de Los Nabos, el 13 de noviembre de 1936. Estudió en la escuela del pueblo y colaboró en las tareas agrícolas con sus abuelos.

A la edad de 15 años se incorpora a la escuela apostólica que la Compañía de Jesús tenía en el Monasterio de San Zoilo, Carrión de los Condes, imán y semillero de vocaciones, que tanto influjo tuvo en el alfoz por la esmerada formación académica, musical y teológica que recibían los alumnos, para probar su vocación, donde permanecerá durante tres años.

Ingresa como postulante en la Compañía de Jesús, en el noviciado de Salamanca, el 19 de mayo de 1954 y comienza el noviciado el 20 de noviembre del mismo año. Finalizada su etapa de novicio y permanece en la casa de Salamanca como ayudante de carpintería hasta el año 1958, por un periodo de dos años. Es destinado a La Guardia (Pontevedra) como carpintero y, posteriormente a la Universidad Laboral de Gijón donde estudia carpintería. Finaliza sus estudios en el año 1962 y, después de una estancia de 2 años en el Colegio de León, desempeñando el oficio de carpintero y en la portería, cierra esta primera etapa de su vida de jesuita.

El siguiente destino es Villagarcía de Campos, de 1964 a 1974, donde conocí al H. Jesús Pérez, al entrar yo en la Compañía. Es responsable de la carpintería de la casa, que en aquel tiempo contaba con dos empleados, y cuando se abre la Escuela Hogar, D. Jun de Austria, que acoge a un centenar de niños de la provincia de Valladolid, en régimen de internado, que viven en granjas, lejos de las escuelas, o en pueblos que no tienen maestros, ejerce como prefecto de disciplina y colabora en la formación de los chicos.

Su destino a la comunidad del centro educativo de la Merced y San Francisco Javier de Burgos, por un periodo de 35 años, ha sido el más fecundo de su vida religiosa y apostólica. Como subprefecto de disciplina y encargado de los deportes se granjeó la amistad y el cariño de los colegiales y de sus familias. Entusiasta y apasionado por el deporte, colaboraba en la educación de los jóvenes inculcándoles y fomentando el espíritu de superación, lucha y responsabilidad. Le gustaba ganar siempre lo que le acarreó en más de una ocasión disgustos que no podía disimular, sobre todo en la vida comunitaria.

Colabora en el Club Deportivo de Colegio, dejando una profunda huella entre los alumnos y padres, tal y como hemos indicado anteriormente, manteniéndolo a un alto nivel en las competiciones deportivas provinciales y autonómicas.

En su dilatada estancia en Burgos, además de la participación activa y directa en la formación de los alumnos desempeñó otras tareas en la comunidad y en el colegio. Encargado de la venta de libros y material escolar, de los trámites administrativos de la correspondencia y de la ropería de la comunidad.

El progresivo deterioro de su salud mental hizo necesario su destino a Villagarcía de Campos, con pena para los miembros de la comunidad y de la comunidad educativa, ante la imposibilidad de poder atenderlo adecuadamente como precisaba. Su marcha a Villagarcía de Campos supuso un vacío tanto en la comunidad como en el colegio.

Su estancia en Villagarcía de Campos fue muestra de lo que ha sido su vida en la Compañía. Ha transcurrido por el camino de la sencillez colaborando en tareas de acompañamiento de sus compañeros. Imágenes tan tiernas y evocadoras como viéndole llevar en silla de ruedas a otros compañeros por los pasillos de la casa o por los paseos del jardín muestran la hondura de su corazón.

El H. Jesús tenía una profunda admiración y devoción a la Virgen María y a San José. Su vida entre nosotros ha sido un ejemplo de amor a la Virgen. Todos los días del año, hiciese frío o calor, estuviese lloviendo, visitaba por la mañana y por la tarde la estatua de la Virgen que está en el jardín, junto al acueducto, por el paseo que conduce al cementerio. Ante ella oraba por unos minutos. La visita a la Virgen era el bálsamo que le ayudaba a superar las dificultades y los enfados propios de la enfermedad. Bien lo sabe el personal de la enfermería de la casa que en todo momento han sido como una madre para Jesús, con su comprensión y cariño.

Enhorabuena, querido H. Jesús, porque ya descansas en el regazo del Padre. Porque desde tu seguimiento a Jesús de la mano de la Virgen María, nos has mostrado que se puede vivir feliz y hacer feliz a los demás en el servicio sencillo porque estabas lleno del amor de Dios. Amén.

Villagarcía de Campos, 19 de marzo de 2018

Salvador Galán Herráez

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