Semblanza del P. Joan Llargués Solà SJ

Permitidme que me dirija a Joan Llargués (Reus, Tarragona, 28/02/1935 – Sant Cugat del Vallés, Barcelona, 08/04/2018), tal como lo haría si estuviera presente en vida. Sería un monólogo. Ningún problema para él; está muy hecho a esta técnica de expresión, en la cual es uno solo el que habla.

Joan, he vivido muchos años a tu lado y he podido darme cuenta de los dones que has recibido del Señor y de la manera cómo has sabido administrarlos en Santa María de Gimenells, en el pueblo de Raimat y aquí en el Colegio con tus responsabilidades al frente de las oficinas de Administración, Secretaría y Recepción, y al mismo tiempo en las ejercidas en nuestra comunidad.

Pero quisiera resaltar una característica muy propia tuya y poco puesta en práctica por la mayoría de las personas: tu paciencia y aguante cuando te “ponías” a escuchar a tu interlocutor. No sabes el bien que le hacías con tu “silencio acogedor”, siguiendo y meditando el desahogo ajeno, sin interrumpir, sin criticar, sin dar muestras de cansancio. Diría que tu mirada limpia y atenta iba eliminando en el silencio quejas, críticas, sufrimientos, dificultades... Una actitud empática, sin palabras, totalmente respetuosa, comprensiva, profunda. Una actitud en la cual se comprometía tota tu persona con una generosidad ilimitada.

Han sido muchos los testimonios de las personas que me han hablado de ti y del afecto que te han profesado. A través de tu aspecto serio han sabido descubrir en ti un corazón de niño sin malicia, sin engaños, el niño que quería Jesús de todos nosotros. Amigo de la verdad, tu lenguaje desconocía las palabras: exageración, subterfugio, disimulación, colorante, conservante, manipulación... Solo la verdad desnuda. La verdad era la verdad, y estabas muy puesto por defenderla. Y si en tu entorno no se daba, saltabas decidido para defenderla, con pocas palabras, pero rotundamente. En esas ocasiones parecías otro Joan. Pocas veces demostrabas tus cualidades ocultas cuando se trataba de aportar soluciones dentro de un grupo de discusión. Como si te interesase pasar inadvertido. Tu proceder honesto, transparente, fue una tónica general en tu conducta y jamás se te ocurrió ir al alcance de protagonismos: figurar o destacar.

Y en tus servicios a las personas o a la comunidad eras muy perspicaz y rápido en advertir y solucionar inmediatamente sus necesidades, fruto de un espíritu observador, atento y solícito. ¡Era impresionante ver cómo te dabas cuenta de todo!

Joan, sé que me estás escuchando y que, como siempre, si te preguntara si todo eso es o no verdad, te pondría en un compromiso. Dudo que te decidieras a dar tu opinión y yo pudiera saberla. Por eso, he decidido no preguntártelo. Pero, ahora que has llegado a la Casa del Padre, El sí que te lo aclarará. No dudo de ello. Incluso sé qué te dirá:

“Muy bien, siervo bueno y fiel en lo poco, te pondré por eso al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu Señor”.

Joan Ribalta

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