Semblanza del P. Jaime Garralda SJ

P. Jaime Garralda Barretto, SJ (El Escorial, Madrid, el 24/08/1921– Alcalá de Henares, Madrid, 30/06/2018)

Uno de los poemas escritos por el P. Garralda en los últimos tiempos se titula “Tras mi ventana”, y dice así:

Tengo una ventana blanca
que mira al cielo
tras ella me espera siempre
El que yo espero
De día el cielo no tiene fondo
pero te veo
de noche se cierra todo
y sigues siendo
De noche no veo nada
estoy durmiendo
pero Tú te acercas mas
y yo lo siento
De Ti me separa solo
mi pobre cuerpo
que pronto se romperá
y yo a tu encuentro
Me creaste para Ti
mi Padre Bueno
contigo seré feliz
tras corto vuelo.

La ventana es de la enfermería de Alcalá de Henares, a la que fue destinado en el año 2016 a “cuidar su salud”, deteriorada por una muy seria afección pulmonar, y acompañada de una cardiopatía severa. Con 96 años falleció el pasado 30 de junio, viviendo 73 en la Compañía de Jesús, y celebrando 61 de sacerdocio.

Un recorrido por los medios de comunicación, que se hicieron eco de su defunción, subraya su compromiso con los más desfavorecidos durante todas las etapas de su vida. Los últimos años de ésta los dedicó fundamentalmente a sostener a los voluntarios y trabajadores de la Fundación Padre Garralda – Horizontes Abiertos, que acompaña a personas en proceso de abandono de distintas adicciones, cumplimiento de condena en la cárcel y fuera de ella, mujeres con condenas de presidio con hijos menores de tres años, entre rejas o en proyectos de convivencia asistida en Madrid, Segovia y otras localidades, etc… Todos los distintos programas desarrollados por esta Fundación tienen nombre de jesuita: Gárate, Kostka, Arrupe, Borja, Ellacuría, Cardenal Martini, Hurtado, Salmerón, Fabro… Un sello de Jaime Garralda: la Compañía de Jesús presente en su obra.

Entró en el noviciado de Aranjuez con 24 años, y prosiguió allí mismo su juniorado. Tiene otro hermano jesuita, misionero en Japón, Javier, residente en Tokio. Una familia, con “apellido y reconocimiento social” tocada por Dios que llama, y con una respuesta confiada, a la vez que enérgica para con la vocación y la misión.

Es destinado, ya ordenado, a trabajar en el Hogar del Empleado de Madrid, coincidiendo con la creación del Movimiento Apostólico Seglar (MAS). Dejando esta tarea para un destino a América. Tras un breve tiempo en Panamá (1965 – 1968) retorna a España, y comienza una doble línea de trabajo apostólico: La atención de la Asociación Nacional de Viudas que tuvo que abandonar pasados los 90 años, reconociendo humildemente que ya no podía alcanzar a atenderlas espiritualmente de manera adecuada; y el trabajo entre el fango y la chabola en el sur de Madrid (Palomeras, Pozo del Tío Raimundo…) que le llevó a ser parte de la vida de tantos que por culpa de la droga, fundamentalmente, dejaban sus huesos en las cárceles españolas.

No sé si el P. Garralda es un pionero en el trabajo en prisión, pero sin dudar puso su mirada, su corazón y su alma entre las rejas, compartiendo camino con drogadictos desesperados y marginados abocados a la delincuencia. ¡Con qué pasión le he oído narrar la celebración de la Eucaristía en la cárcel!

Con sus colaboradores tuvo la suerte de poder conocer esa realidad, oscura y despreciada, y descubrir necesidades que hoy nos parecen especialmente inhumanas, como es la convivencia de niños con sus madres presas. Niños, compañeros de sus madres en el cumplimiento de una sentencia como si de culpables se tratara. En esos módulos de mujeres el P. Garralda puso, con su denuncia y compromiso, la mirada de la sociedad, y movilizó a muchos voluntarios que hoy reconocen con agradecimiento al hombre que les acercó a los últimos de los últimos. 

Desde el año 2011 la Fundación tiene una sede en Las Tablas, en el Norte madrileño. Allí tenía una habitación con su “capillita”. Allí, notan doblemente su ausencia, y su presencia. 

Jaime Garralda recibió muchos reconocimientos públicos y privados a su labor, como la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Madrid en el año 2012, o la de Plata en 2005 de la Comunidad de Madrid. Otros galardones están asociados a la tarea en el mundo penitenciario o la promoción del voluntariado y compromiso contra la desigualdad y la injusticia.

Incansable escritor de poesía, su bibliografía habla de sus intereses: Sentir a Dios; Dialogar con Dios; Ejercicios Espirituales en la calle; Palabras para hablar con Dios; Desenterrar y vivir el evangelio; Dios está en la cárcel; Vivir para amar es vivir; entre otros.

Posiblemente quien no conoce la vida consagrada y la vida sacerdotal pueda pensar que el P. Jaime Garralda fue un “filántropo” preocupado por hacer de este mundo un mundo mejor, en el que los últimos, descarriados y marginados, enfermos y encarcelados, tuvieran un lugar y fueran atendidos y queridos. Pero él no era eso. El P. Garralda era un hombre unido a Dios, especialmente por la oración y la Eucaristía vivida en la intimidad, sin prisa, y apostólicamente provocadora y deseoso de trasmitir el Evangelio, de palabra y obra. Su recuerdo es el de alguien que quiso colaborar en la construcción del Reino.

Cierto que su obra es importante, especialmente por tantos que se benefician ella, gracias a los trabajadores y voluntarios que se suman cargados de ilusión. Pero este jesuita entrañable y a la vez enérgico y dinámico se vivía como “vocero” de la Buena Nueva. Así lo predicaba cada vez que podía: “yo solo digo lo que dice el Evangelio” Además lo vivía. Si no fuera así no sería un ejemplo para tantos. Los hombres pasamos, el evangelio no.

Así termina el poema que reproducíamos al principio:

Me creaste para Ti
mi Padre Bueno
contigo seré feliz
tras corto vuelo

Un hombre unido al Padre, que se sabe feliz cumpliendo la Voluntad de Dios, también en la dócil paciencia de una enfermería, dejándose hacer quien tanto quiso hacer por los demás.

El “disponed a toda vuestra voluntad” de la contemplación para alcanzar amor de los Ejercicios Espirituales le llevó darse en la frontera de la droga, el SIDA, la prostitución, la cárcel, la violencia, la injustica, el menor maltratado, etc…. Todas estas personas eran su “familia” que se sumaba a su familia jesuita. Tenía claro que “los que tienen familia” pueden salir del “agujero”. Para ellos quiso vivir, y vivió.

Una viñeta de un artista gráfico le caracteriza en el cielo diciendo a San Pedro que porta las llaves: “¿Y aquí no hay nadie que sufra? Y entonces yo ¿qué voy a hacer?”

R.I.P. y los demás, a no olvidar el ejemplo ni el Evangelio.

Juan José Tomillo, S. J.
Madrid 13.07.2018

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