Semblanza del H. Manuel Reyes Torralbo, SJ

Una vida en silencio por Dios y los enfermos

Me piden unas líneas sobre el Hermano Manuel Reyes, fallecido recientemente en la Enfermería de El Palo, Málaga. Es difícil describir la vida de una persona que ha vivido en la sencillez y con gran discreción sus obras de misericordia y sus dones espirituales.

Coincidí con él en el noviciado de El Puerto de Santa María. Lo recuerdo en la zapatería, haciendo zapatos para los miembros de la comunidad. Al llegar en 1967 a la Facultad de Teología de Granada, era el encuadernador de la biblioteca, oficio que había aprendido en los salesianos de Sevilla. Era un gran artesano y, dada la gran riqueza en libros antiguos que posee nuestra Facultad, procuré que estudiara restauración de libros en Barcelona. Realizaba su trabajo con una gran perfección.

También era el peluquero de la comunidad. Y ayudaba voluntariamente en el jardín, en la limpieza de las minas de agua que abastecían a la comunidad de Cartuja, en el cuidado de nuestro cementerio.

Padecía fuertes y constantes jaquecas, que le tenían postrado en cama muchos días seguidos, pero nunca se le oía una queja ni hablaba de ello, si no se le preguntaba. 

Muy caritativo y sacrificado, sentía una especie de pasión por ayudar a los enfermos, empezando por los de nuestra casa. Pero también a gente de fuera, a particulares, a los que cuidaba y visitaba espontáneamente, como a los impedidos de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús, a los que iba a bañar y pelar, ocupación que le llenaba y lo evadía a veces de su monótono y rutinario trabajo principal. Pero era muy discreto, pues salía de casa a sus enfermos, y no sabíamos a donde iba. Sus obras de caridad con ellos solo las conoce Dios. 

Era muy fiel y puntual en su vida de oración, en sus visitas al sagrario, con el rosario frecuentemente en sus manos. En fin, una vida de caridad y de unión con Dios en el silencio, que ya ha recibido el reconocimiento y el abrazo de Dios.

En el último tramo de su vida, ya en la enfermería, cuando se minimizan los aprendizajes y moduladores de conducta adquiridos y queda al descubierto el natural de cada uno, a él le quedó una sencilla amabilidad, aunque algunas veces la eclipsaba momentáneamente el malestar de la enfermedad. También tuvo el deseo de acompañar a algún enfermo, en este caso al P. Ángel Martín a quien sumaba su debilidad para moverse juntos por la casa sosteniéndose uno con el otro. Repetía como muletilla “bueno, bonito y barato” el ideal de cualquier persona que se dispone a comprar algo, que, de alguna forma, puede resumir su vida, al menos tal como él la vivió.

El deterioro general prosiguió su curso inexorable y lo llevó a una muerte tranquila. Damos gracias a Dios por su vida y por su descanso.

Gabriel María Verd Conradi, S.J.
Granada, 17.07.2018

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