Semblanza del H. José Agustín Zulaica SJ

Nos hemos juntado hoy convocados por el Señor resucitado, para recordar de un modo especial a nuestro hermano, tío, compañero de comunidad, el H. José Agustín Zulaica Arriola.

Nace en una familia muy numerosa, el dos de noviembre de 1933, en el caserío Larraskanda, en la muga entre Azkoitia y Mendaro. La evocación de la vida de familia en el caserío era tema frecuente de sus conversaciones y recuerdos. Tantas veces nos comentaba en la mesa la vida sencilla, fraterna, familiar, el trabajo del caserío, el contacto con la naturaleza, las relaciones profundas y sencillas con todos durante los primeros años de su vida.

Con 17 años desciende a Loyola para entrar en el noviciado. Y Loyola será su comunidad desde ese año 1951 hasta 1959. Comienza el trabajo de cocinero que lo acompañará durante toda su vida apostólica en la Compañía. Su vida de jesuita la vive situado en un triángulo con tres nombres: Loyola, Tudela, Venezuela. Después de los primeros años como jesuita en Loyola, es destinado al Colegio San Francisco Javier de Tudela, donde estará desde el año 1959 hasta 1978, interrumpida esta estancia por un breve período de tiempo en Villagarcía para hacer la Tercera Probación, tiempo previo a la incorporación definitiva en la Compañía de Jesús.

El oficio aprendido en Loyola, lo desarrolla en Tudela como cocinero, encargado de la despensa, comprador y chofer. Serán años de mucha actividad en el Colegio donde ha de atender el comedor de la comunidad y a los internos y mediopensionistas del colegio.

Completado el tiempo en Tudela, el año 1978, pasados los 53 años de edad, se aventura a ir a Venezuela, donde tras un período de aclimatación a la nueva realidad cultural y de jesuita, se prepara para ser destinado a la Selva Amazónica. Seis años pasa en Kakuri, trabajando al servicio de los indios de la Selva, desarrollando proyectos de ganadería y agricultura. Lo que ha aprendido de pequeño en el caserío, lo desarrolla posteriormente en esta misión. Serán años de gran actividad, en las que pone a prueba sus dones naturales. Muestra con orgullo a los que le visitan lo que está desarrollando y que posteriormente lo ampliará en proyectos de educación agropecuaria en Fe y Alegría en el área de ganado vacuno en San Fernando-Gumilla.

Estos 13 años en Venezuela han marcado profundamente el corazón bondadoso y generoso de Agustín. No perdía ocasión para recordar estas experiencias vividas en un entorno tan distinto al de su caserío natal. Existía esa comunión profunda en sus esfuerzos por educar, por transmitir amor a la naturaleza a personas de una cultura tan distinta a la suya, pero que a la vez eran muy cercanas por el contacto vivo y próximo con la naturaleza. Incluso en sus últimos días, no dejaba de recordar con mínimos detalles experiencias, circunstancias, proyectos, visitas de personas que querían conocer de cerca lo que estaba impulsando y viviendo en esta misión de frontera. Hombre bueno, que ha formado haciendo equipo y se ha dado total y generosamente al servicio de todos, sin ruido, pero con bondad.

Y el año 1990 vuelve al nombre donde inició su vida como jesuita: vuelve a Loyola donde ha vivido los últimos 28 años. También aquí ha vivido sin parar, siempre alegre, contento, sereno, bondadoso con todos, delicado en lo que hace y siempre trabajando sin quejarse. Ayuda en la enfermería como cocinero, asiste a los enfermos en el hospital, está disponible como chofer cuando es necesario. Pasa ratos largos en la cocina ayudando a pelar patatas, cebollas, ajos… y siempre con una sonrisa, con serenidad esa bondad profunda que ha dejado huella en las personas que lo han conocido de cerca y con las que ha colaborado.

Hace apenas una semana su corazón cansado dio un aviso, pero un aviso muy fuerte pues quedó agotado. Desde el primer momento los médicos pronosticaron que se trataba de un ataque muy fuerte, del que difícilmente se podría recuperar. Y de hecho así ha sido. En estos días, y ya desde el primer momento, era consciente de su situación delicada, y lo decía con paz y serenidad, como quien es sabedor de que ha recorrido un camino y está llegando a su destino final. Las veces que le hemos visitado en la UVI no hacía sino recordar los lugares vividos, las experiencias compartidas, el afecto de la familia, el recuerdo de los compañeros de comunidad.

El cansancio y agotamiento del corazón no eran obstáculo para que agradeciera los recuerdos de la familia, las oraciones de los compañeros, la proximidad de todos. Cuando se vio que el corazón no daba esperanzas, quiso volver a la enfermería de Loyola, a casa, para estar junto a los suyos y desde aquí, con serenidad y paz, pasar a la casa del Padre.

Loyola, Tudela, Venezuela, tres lugares que se añaden a su Azkoitia natal para completar los cuatro puntos cardinales en los que Agustín ha sabido encontrar la presencia de Dios en el servicio y en la relación con los demás. Habrán sido miembros de su familia, o los colegiales de Tudela, los compañeros de comunidad o las personas de la enfermería, habrán sido los indios de la Selva amazónica o las personas que trabajaban en las varias cocinas por donde ha pasado… en todas partes, todos han sabido reconocer la huella de paz, serenidad y bondad que ha dejado el conocer a Agustín.

¡Descanse en paz!
Ignacio Echarte, SJ
Loyola, 27.07.2018

Descargar la semblanza en pdf 2018 32 NecrológicaZulaica.