Semblanza del P. Manuel Doreste Manchado SJ

El fallecimiento de Manolo Doreste en el primer día de este agosto, llamativamente caluroso, puedo decir que está en consonancia con la cantidad de mensajes de condolencia, de pena y, a pesar de su edad, de sorpresa. En esa sorpresa de tantos puede estar la clave que nos permita desvelar algo fundamental en su vida. Su eterna ansia de vivir, de convivir, de compartir. Lo hacía parecer eternamente joven, por no decir eternamente niño. No se recuerda que haya olvidado un santo o un cumpleaños. Testigo de esta memoria imborrable ha sido el cartel de anuncios de la sala de profesores del Colegio de S. Luis Gonzaga en El Puerto de Santa María. "Eso hay que celebrarlo". Pero no sería justo resaltar más que otro su espíritu celebrativo. Para mí fue un modelo envidiable de constancia en su trabajo pastoral. Pocas dificultades podían con él. No creo que se moleste en el cielo, si decimos que algunas veces su insistencia resultaba algo pesada. Creo que puedo traer como testimonio a los que contagió el entusiasmo por la Escuela de Padres. Horas y horas de preparación, de charlas en colegios, en la radio, en las televisiones locales de la bahía de Cádiz. Llegó a ser todo un maestro en los medios locales, creando escuela a la que contagió su entusiasmo. Otra de sus queridas labores pastorales fue la dedicación "irrenunciable ", a pesar sus achaques, a los Equipos de Nuestra Señora. A la hora que fuera, allí estaba dispuesto, sin una queja. Lo echarán de menos, porque dio mucho de su vida. Yo diría que últimamente por encima de lo aconsejable. A pesar de las dificultades físicas para desenvolverse, nunca se rindió. Más aún, se lo tomaba con humor, con una sonrisa, o con algunas de sus expresiones canarias...según decía él. Que Dios le premie toda su buena voluntad.

Su disponibilidad apostólica se pone de manifiesto ya desde su etapa como misionero popular, incluso en América, hasta su estancia en Málaga, pues, aunque no podía, hacía esfuerzos por ir a celebrar la eucaristía con unas religiosas.

Aunque precedía de una estirpe de atletas, sobre todo, de vela, le llegó la enfermedad y la vejez y hubo de ser llevado a la enfermería de Málaga para poder recibir los cuidados que necesitaba. Lo acosó la enfermedad y la limitación, pero no perdió su ingenuidad, su vozarrón ni su espontaneidad. Últimamente había experimentado un empeoramiento manifiesto desde hace casi dos meses, consecuencia de su cáncer de próstata (operado en su día, pero silenciosamente activo). Llegó un momento en que tenía dificultades serias para ver, que es lo único que ha frenado su ímpetu apostólico, y, por lo tanto, ha sido lo que más ha sentido.

Ya se habrá encontrado con el Señor, como buen operario que va al final de la jornada a rendir cuentas y habrá oído aquello de “Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor” (Mt 25,21).

Fernando Marrero Rivero, SJ. El Puerto de Santa María, 2.08.2018

 

Descarga la semblanza en: 2018 34 Necrológica MDoreste