Semblanza del P. José Manuel Alonso Busto SJ

(Villaviciosa 10-06-1924 - Villagarcía de Campos 30-08-2018)

El P. José Manuel, enjuto y de tan extrema su flaqueza, que parecía hecho de raíces de árboles (como Santa Teresa dijo de su amigo San Pedro de Alcántara), se escondía una vida llena de
vitalidad y fecundidad. Su fisonomía y su modo de vida nos recuerda el idealismo y la lucha por la justicia y la verdad, de D Quijote de la Mancha defensor de causas perdidas, junto a su
enamoramiento de la persona de Jesús, que entregó su vida por los demás en el servicio a los pobres y marginados, como iremos desgranando a través de los testimonios de dos compañeros
jesuitas, Modesto Vázquez-Gundín y Jesús Ángel Fernández.

Natural de Villaviciosa, (Asturias) nos cuenta Jesús Ángel, que residió en Tazones, pequeño pueblo costero y de gente campesina hacia el interior. Fueron años de infancia y juventud que
marcaron su carácter alegre, comunicativo, cercano a la gente, trato sencillo, leguaje popular (Bable). Como buen asturiano amaba a su tierra, pero también se enamoró de Galicia, como dijo
en una entrevista: “Asturias es mi madre y Galicia mi esposa”.


Su vocación sacerdotal le lleva a realizar los estudios de filosofía en la Universidad de Comillas. Ingresa en la Compañía de Jesús con 23 años, en Salamanca. Durante su etapa de formación,
después del magisterio, estudia Económicas y Ciencias Sociales en la Universidad de Deusto, donde termina por cimentar y confirmar su vocación por lo social.
Nos describe Modesto Vázquez Gundín, que conoció a José Manuel siendo “primerín” en el noviciado, que lo nombraron “ángel de primerines comillenses”. “Su buen humor asturiano, su
devoción y su entrega nos contagiaba ilusión y piedad”.


Su primer contacto con Galicia, sus gentes y su lengua fue en la etapa de magisterio, en los años 1950-52, concretamente en el colegio en Camposancos la Guardia. Será posteriormente, a partir del año 1962 cuando vuelve a Galicia y permanezca en ella por un período de 27 años. Comienza en la residencia de Coruña como director espiritual y confesando en la Iglesia. Desempeña el cargo de consiliario de la congregación de “Empleadas de Hogar”, piso de acogida para las jóvenes que llegaban a la ciudad. Se les ofrecía formación y asesoramiento. También Consiliario de las “Convivencias de la Coruña”, grupo cristiano de clase media, profesionales liberales que a partir del Concilio Vaticano II quieren ser lugar de reflexión de las nuevas corrientes teológicas. Y por último Consiliario de la Vanguardia Obrera de la Coruña, creadas por el P. Xeisas, cuyos miembros guardan un entrañable recuerdo.


En el barrio coruñés de Palavea su presencia significó un gran compromiso como el papel de sacerdote inserto en el pueblo y con la gente del barrio. Vivía en un pobre barracón de madera, del Patronato escolar de la Conferencia de San Vicente de la Residencia, que servía de escuela, capilla los domingos y festivos para la celebración de la Eucaristía, local de reuniones y centro juvenil “Meu Lar”. Su espíritu emprendedor y su búsqueda constante le lleva a encarnarse en el mundo del trabajo manual, como cura obrero, colocándose en un taller de carpintería de madera. Por eso no es de extrañar que en el encuentro de la Misión Obrera de España con el P. Arrupe, en febrero de 1980, fuese uno de los cuatro representantes.

Otra etapa importante de su vida en tierras gallegas fue su destino a la parroquia de Montefurado (al sur de la Provincia de Lugo). En ella vive pobremente, tal y como nos lo relata Modesto
Vázquez Gundín: “Lo visité con cierta frecuencia, de paso hacia León. Después de comprobar que ni para comer tenía algo que valiese la pena, compraba en el camino de todo para comer
juntos y que guardara en la nevera. Su austeridad alcanzaba niveles de especial rigor en aquella casa parroquial... Me llevaba a visitar a los vecinos, que le acogían como uno de la familia”.
En los sucesivos destinos que tuvo después de salir de Galicia, de nuevo en su Asturias querida, por un período de diez años, y su paso por Montevideo donde estuvo de párroco por cuatros años, hasta recalar en Villagarcía de Campos, habiendo pasado antes por León, mantiene su radicalidad evangélica de pobreza y entrega a las gentes más sencillas y necesitadas.


El perfil de José Manuel, descrito por Jesús Ángel, es que fue una persona enormemente austera, exigente consigo mismo (Regla 11 de las Constituciones de la Compañía, que continuamente
sacaba a colación). Duro y crítico con los demás, con la Iglesia y la Compañía, a la vez que unía ternura y cariño con los más débiles. Persona profundamente querida, cercana con sinceridad y
naturalidad, nada forzada en su modo de vivir y hablar.

No es de extrañar que después de muchos años de haber salido de Palavea, estando en Montevideo, a petición de los vecinos del barrio el Ayuntamiento de la Coruña le dedicara, en el mismo lugar donde estaban las instalaciones del Patronato una plaza con su nombre en el año 2001. Como anteriormente, en el año 1995, el emotivo homenaje que le dispensaron los vecinos de la parroquia de Santa Bárbara.


Pero José Manuel era una persona alegre que disfrutaba con las fiestas, en los encuentros, excursiones, todo aquello que fomentase la unión y la convivencia. Alegría que mantuvo hasta el
final de su vida, tal y como le recuerda la comunidad de Villagarcía y de manera especial el personal de la enfermería. En cualquier momento, en cuanto le dabas motivo, cantaba canciones
asturianas y religiosas. Y cuando al final ya no tenía voz para cantar actuaba con sus brazos como si estuviese dirigiendo el canto.


José Manuel nos ha dejado un hermoso y exigente legado de cómo se puede seguir a Jesús en pobreza y entrega a los demás, sin perder la alegría de vivir.
Comenzamos esta semblanza evocando como José Manuel se parecía a D. Quijote y queremos cerrarla diciendo que se nos ha ido un Quijote de Jesús, entregado de cuerpo y alma a la causa del Reino de Dios, soñador y defensor de los pobres, de causas perdidas, que siempre mantuvo viva la antorcha de la alegría y la sencillez. En su despedida don Quijote dice “yo fui un loco, y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno” (Capitulo LXXIV). También José Manuel fue un loco enamorado de Jesús, que hizo suyas las palabras del Evangelio: “el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará” (Mt.10,38-39).

Salvador Galán Herráez sj
Villagarcía de Campos, 23 de septiembre de 2018

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