Semblanza del H. Agustín Vitón Arranz SJ

Se fue apagando silenciosamente y el día 14 de septiembre cerca de la medianoche nos dejaba Agustín. Curiosamente ese día de la Exaltación de la Santa Cruz era la fiesta del pueblo que le vio nacer, Fresno de Cantespino, un 28 de Junio de 1933. Fiel a sus orígenes castellanos fue como diría Antonio Machado, “en el profundo sentido de la palabra, bueno”.

Nació en el seno de una familia muy numerosa, en la que desde pequeño le tocó servir y hacer pequeñas tareas echando una mano en la labranza y la granja familiar.  

En 1954 se encaminó al noviciado en Orduña y empezó su vida religiosa. En buena medida ya traía el noviciado incorporado en él con lo que había recibido de sus padres y de su ambiente en esta villa de Segovia. Cuando sus padres y hermanos fueron hasta Orduña para sus votos, confirmaron que Agustín era ya feliz en la Compañía de Jesús a la que consagró todas sus cualidades y energías.

Empezó su andadura en Orduña mismo como avicultor, tarea que continuó en La Mota del Marqués hasta 1963. Es entonces cuando es destinado a Villagarcía de Campos como ayudante de la portería y de la Administración. Llama la atención la variedad de trabajos y residencias en las que estuvo, señal inequívoca de su disponibilidad y servicio. Quizás la etapa que más disfrutó fue la de profesor. Sus estudios en electrónica le posibilitaron la enseñanza de esta disciplina en las Escuelas de Cristo Rey destino en el que permaneció durante 15 años, para continuar más tarde, como profesor de religión. Ya con 65 años se encaminó a la curia de Roma y no escatimó esfuerzos en aprender Italiano. Su carácter amable y alegre le ayudaron a establecer relaciones hondas más allá de la competencia lingüística. En el 2004 volvió a la Provincia de Castilla para ayudar en la Parroquia del Milagro como Sacristán hasta que sus fuerzas ya le invitaban a retirarse a su querida Villagarcía.

A lo largo de tantos trabajos distintos y tantos lugares ha ido dejando un poso de alegría, servicio y sentido de pertenencia a la Compañía. Le gustaba la broma y siempre encontraba un motivo para alegrar a su entorno sin herir. Era de espíritu abierto y curioso y presto siempre a echar una mano a quien hiciera falta. Todavía se le recuerda en Miranda de Ebro preparando el chocolate para las familias de la escuela profesional. Esta servicialidad nacía de una oración fiel y atenta en la que confesar a Jesús como Mesías significaba estar dispuesto a imitarlo en renunciar a sí mismo y cargar con la cruz y seguirle. Nunca planteó su vida en referencia a sí mismo sino a la luz de la propuesta que hace Jesús en el evangelio. Su sentido de pertenencia le llevó a no esperar a que le pidieran hacer las cosas, él detectaba dónde podía hacer falta y se disponía a cuidar y atender a lo que fuera necesario. Como compañero fue un ejemplo de bondad y de entrega.

José Ignacio Vitón de Antonio, SJ
Madrid 09.10.2018

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