Semblanza del P. Luis Jiménez Moreno SJ

Una aproximación al mundo interior de nuestro querido hermano Luis tiene que tener muy presente el fuerte impacto que supuso para él su estancia de 27 años en América, fundamentalmente en Paraguay y Argentina.

Apenas terminados los estudios de Filosofía, en la recién inaugurada Facultad de Alcalá de Henares, fue destinado como maestrillo a Asunción. Se incorpora dos años más tarde a Granada para los estudios de Teología y recién ordenado sacerdote en 1965 es destinado de nuevo a Mar de Plata en Argentina para la Tercera Probación. Y desde 1966 hasta 1990 permanece en Asunción en donde tanto en la Parroquia como en el Colegio desarrolla un amplio trabajo pastoral. Durante este largo período mantuvo una gran vinculación con los equipos de matrimonios en EE y en acompañamiento espiritual y constituyó su espacio más rico de relaciones humanas y espirituales con muchos creyentes que permaneció hasta muchos años después y que él recodaría como la etapa más rica de su vida como sacerdote de la Compañía de Jesús. Esta experiencia se vio fortalecida con el acompañamiento de su tío y hermano de su madre, el P. Fernando María Moreno gran impulsor del trabajo apostólico de la Compañía en Paraguay. Un antiguo provincial de Paraguay resumía así su misión en aquella provincia:

“Espíritu sobrenatural magnífico. Es tremendamente trabajador y no desperdicia un minuto del día. Creo que su máximo rendimiento lo está dando en el trabajo en el que está actualmente: Cursillo de Cristiandad y la dirección espiritual de todos los cursillistas. Es un hombre de no mucha abstracción, pero tan ordenado y trabajador, que rinde mucho más que otros que le superan en cualidades intelectuales”.

Cuando regresa a España en 1999 viene ya como enfermo a Sevilla en donde además de cuidar de su salud trabaja como operario en la Residencia del Sagrado Corazón. En el año 2006 los Superiores lo destinan a la Enfermería de San Estanislao de Kostka en Málaga en donde ha estado hasta el final de su vida.

La imagen que proyectaba en estos años nada tenía que ver con la riqueza espiritual y apostólica desplegada en América. El deterioro progresivo de su salud le llevó a replegarse sobre sí mismo aunque siempre mantuvo la cercanía humana, la sencillez, y sobre todo una relación muy rica con su familia y especialmente con su hermana Carmela, una mujer ejemplar y extraordinaria, y que en los últimos años de su vida tuvo que dejar Antequera, el pueblo que aglutinó a toda su familia, para someterse a la amputación de una pierna en Málaga. Luis vivió este hecho con gran conmoción interior que se agudizó con su muerte y con el hecho de que por su debilidad no pudo estar en su entierro en Antequera. Sin duda alguna el Señor le habrá concedido lo que durante tantos años le pedía con insistencia:

“Contemplar cara a cara su Rostro para siempre”

Marcos Díaz Bertrana sj
Sevilla, 19.10.2018

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