Semblanza del H. Gonzalo Calvo Ruiz SJ
Creo que la homilía que tuvo Cipri en su funeral, es un fiel reflejo de lo que fue su vida en la Compañía, toda ella dedicada al “servicio de sus hermanos”.
Escribo algo, sobre todo de nuestra entrada en la Compañía y algo más, pero breve.
En la cuaresma del año 1959 fuimos a Orduña (Vizcaya), donde comenzamos juntos nuestro postulantado. Éramos tres, Gonzalo, Jesús María Guerra y Primitivo. “Tomamos sotana”, el 15 de octubre, fiesta de santa Teresa, nos apuntaron en la Compañía el día anterior, con el fin de hacer los votos del bienio el día 15 de octubre 1961. El 28 de octubre del 59 todos los novicios, alrededor de 50 en total, por la mañana después de la celebración de la eucaristía, desayuno, tomamos “nuestro hatillo”, y a un autobús que nos llevaría a Villagarcía. Llegamos hacia las doce del mediodía. Unos kilómetros antes, nos bajamos del autobús y nos fuimos montando en unos carros que habían preparado las gentes del pueblo, con ramas y banderas. Hicimos la entrada en el pueblo, con cantidad de niños de los pueblos cercanos, ya que les habían dado vacación para recibir a los novicios. Todos con sotana por supuesto, fuimos a la parroquia donde se emocionó el párroco y nos dio la bendición con el Santísimo, se cantó un Te Deum y a casa, donde había mucho alboroto preparando todo para la inauguración oficial por la tarde, con la presencia de Franco y varios ministros. Hicimos los votos el día previsto, con toda la comunidad pero sin ningún familiar.
“En todo amar y servir”. Gonzalo pasó todo el noviciado trabajando en la cocina, ya que tenía cualidades para ello, después siguió también en la cocina los años siguientes, contando que en aquella época la cocina era de carbón, había que echar muchas horas, también los días festivos… y más las fiestas y solemnidades cuando había que preparar comidas especiales. Era muy dura la labor del hermano en la cocina. Los paseos de los domingos o lo que fuera siempre eran más cortos… había que ir a preparar la cocina, con los años todo cambia y hay más medios, pero fue una época dura y de entrega. Su paso después por las distintas casas, Logroño, Roma, Burgos – Arámburu, Valladolid – Colegio san José, en todas ellas para estar al servicio de los demás, siempre con sonrisa, sin poner pegas a nada, habiendo entregado su vida al servicio de sus hermanos, de ahí que llevó a la realidad lo de: “En todo amar y servir”.
Como en la vida toda, así también en la muerte… Así reza en nuestras constituciones. Aunque ahora más que a la muerte a todos nos preocupa la forma de llegar a ella. En los últimos años cuando le diagnosticaron de un cáncer de vejiga, estaba muy avanzado y poco le pudieron hacer, aunque fueron muchas consultas y tratamientos paliativos. Iba decayendo, seguía trabajando, pero cuando llegó el momento en que parecía oportuno su ida a la enfermería, lo aceptó muy bien, y la verdad es que los dos años largos que ha pasado en Villagarcía han sido de mucha paz y de edificación para todos, lo ha sabido llevar con elegancia, ya que no es nada fácil esta etapa en nuestra vida. Siempre sonriente, agradecido y sin una mala palabra en todo el tiempo. La verdad es que su última etapa ha sido un claro ejemplo, sin duda cuando más difícil se hace llevar los achaques del día a día y las limitaciones.
Estando ya de cuerpo presente en la “Capilla del Cristo”, la que fuera capilla doméstica los primeros años de Villagarcía, me venía a la mente las veces que habíamos estado allí, sobre todo el día de los “votos del bienio”, que recuerdo nos habíamos puesto de acuerdo los tres que los hacíamos aquel 15 de octubre de 1961, que cayó en domingo, para pedirles al coro de los escolares que nos cantaran: “Quédate con nosotros… “. Por eso siempre nos emocionábamos con este canto. Esto ocurría hace ahora 57 años.
H. Primitivo Miguel s.j.
Madrid, 3.11.2018
Descargar semblanza y homilía en su funeral en este enlace: 2018 46 Necrológica GCalvo