Semblanza del P. Miguel García Guardia SJ

Había nacido en la Alpujarra granadina (Cástaras, 26 de abril de 1928). Ha muerto con poco más de 90 años. Le preguntaron los superiores por su disposición para ir a Málaga. En ese momento Miguel estaba muy mayor y cansando. Cuando le plantearon que estaría mejor sin preocupaciones ni tareas, que había llegado el momento de que lo cuidaran y de poder llevar una vida más tranquila y descansada y el delegado para la tercera edad y su preparación le dijo “En Málaga estarás muy bien y con varios compañeros tuyos, que tú conoces; ¿qué te parece?", Miguel le contestó enseguida: "Me parece muy bien, porque yo sólo tengo ya un objetivo en la vida: ir al cielo para estar con Jesús; lo mismo me da ir desde Córdoba que desde Málaga". Ésta frase es el mejor recuerdo que nos dejó Miguel, como con frecuencia comentan en su antigua comunidad de San Hipólito.

Miguel perteneció a una familia que podríamos llamar levítico-presbiteral. Un tío paterno, Miguel García Martín, se hizo famoso como maestro y párroco de Cástaras, donde tras la guerra restauró la iglesia y encargó al escultor granadino Eduardo Espinosa la imagen principal del arcángel patrón del pueblo y santo patrono de nuestro Miguel. Su tío fue luego párroco en El Jau (Granada), donde ejerció durante mucho tiempo, dejando una profunda huella como sacerdote y pedagogo. Tuvo nuestro Miguel un primo hermano sacerdote, Jaime Guardia Buendía, y un hermano, también sacerdote, Aureliano García Guardia, a quien Miguel ayudó durante un año (1969-70) en la parroquia de La Herradura (Granada). En Cataluña queda un joven jesuita, sobrino-nieto de Miguel, Jaume Flaquer García, actual director del Institut de Teologia Fonamental de Sant Cugat del Vallès, especializado en el islam y en el diálogo Interreligioso.

Miguel entró muy pronto en el Seminario diocesano de San Cecilio, en la placeta de Gracia (Granada), donde recibió una buena formación inicial en humanidades y retórica, estudios que luego él, tras su ingreso en El Puerto de Santa María (7 de septiembre de 1946) supo continuar en el noviciado y juniorado. Cuatro años más tarde fue enviado a Ecuador y muy temprano tuvo oportunidad de poner a buen uso esos conocimientos por medio de la enseñanza de la lengua española en su largo magisterio en Quito.

Pero estas notas diferenciantes no le impedían ofrecer una sana y sabia amistad, en la cual siempre se sentía libre para seguir siendo como era y de donde era. Esto lo ha seguido practicando en todos los tiempos y espacios de su andadura vital. Era una persona muy libre.

En todas las misiones que Miguel ha tenido en la Compañía se distinguió por saber hacer buenos amigos de aquellas personas grandes o menudas que a su paso se encontraba. 

Desde 2002 hasta 2012 fue capellán de los Hermanos maristas en Córdoba, tanto de la comunidad con quienes celebraba diariamente la eucaristía, como en el Colegio Cervantes en el barrio de la Fuensanta. Cultivó sólidas amistades con los hermanos, con los profesores y con los alumnos. Solía dedicar la mañana a visitar las clases, donde sabía ganarse la atención y la admiración de su menudo auditorio y también de los maestros y maestras también. Conocía a los alumnos, se entretenía instruyéndoles o elevando su espíritu de oración. Estas cualidades las mostró también en otros sitios. Todavía recuerdan en las Escolapias de Santa Victoria (Córdoba) las veces que fue a celebrar la eucaristía de una comunidad familiar, o sus encuentros amicales con la Comunidad de vida cristiana (CVX) en Córdoba. En Montilla, Huelva y Almería hizo también muy buenos amigos que él seguía cultivando con esporádicas y cortas visitas, suficientes para mantener vivas las
relaciones personales.

Era grande su capacidad narrativa, de la que daba muestra en cuanto encuentros, cursos o retiros participaba. Se recuerda también a Miguel como hombre de gran sabiduría que fue adquiriendo desde chico, en la vida rústica y sana de Cástaras y Nieles y en los libros de estudio en el Seminario y en la Compañía. Desde entonces siempre ha sido un gran amigo de la lectura. Durante años su nutrida y bien leída biblioteca de Teología era valorada por quienes vivían cerca de él. Sus labores apostólicas las sabía simultanear con una fiel dedicación a la lectura. Pero era reservado y modesto en la manifestación de sus conocimientos librescos. Sabía guardar para sí lo mucho que en los libros y en la vida iba aprendiendo. Era reservado y humilde. Iba por sus pasos, pero se las arreglaba para no llegar tarde.

Gozó más de estudios humanísticos que de los de filosofía, abundantes los primeros, y casi ausentes los segundos. Fue muy bueno en matemáticas. 

En sus buenos tiempos dio pruebas de ser buen predicador, como lo confirmaban sus homilías dominicales bien preparadas y bien comunicadas, las novenas y los ejercicios espirituales que le pedían, y a las que él se prestaba con gusto.

Fue, en fin, una persona más cordial que cerebral. Más que un activo creador, supo disfrutar de las creaciones de otros, que le merecían el nombre de creadores, sobre todo en el campo de la literatura.

En Ecuador convivió con compañeros famosos como los jesuitas y hermanos, Manuel y Aurelio Espinosa Polit y el cardenal Pablo Muñoz, sucesivamente rector y canciller de la Universidad Católica de Quito. Y en Córdoba (España), durante años se nutrió de la sabiduría lingüística y literaria y del saber culinario de Feliciano Delgado, catedrático de lingüística indoeuropea y creador cocinero. Miguel fue también un buen acompañante espiritual de muchas personas. Sabía ser compasivo y a la par exigente, casi como un buen Maestro de Novicios. Así le llamaba algún compañero jesuita a quien regularmente visitaba.


Antonio Maldonado Correa,SJ
José M.ª Margenat Peralta, SJ
Córdoba, 06.11.2018

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