Semblanza del P. Dacio Fernández García SJ

El 27 de septiembre celebramos en comunidad varios aniversarios. Entre ellos los 75 años de Compañía del P. Dacio Fernández García. Miedos no le faltaron acerca de si llegaría o no a la fecha. Dacio había cumplido su aniversario el 15 de junio. Una vida como jesuita larga en “servicio y dedicación a las cosas de Dios”, según palabras del P. Arturo Sosa en su carta de felicitación.

Ingresó en el noviciado en 1943. Su proceso hasta llegar a Salamanca fue accidentado. En la homilía de la celebración de sus bodas de oro (Santiago de Compostela, 20 junio 1993), lo recordaba:

“Soy el segundo de 10 hermanos, nacidos en San Pedro de Trones, provincia de León, en las fronteras de Galicia, a medio camino entre el Barco de Valdeorras y Ponferrada.

Cuando mi hermano mayor Ceferino tenía 11 años y yo 10, el tío Ceferino, hermano de mi madre, que estaba terminando la carrera del sacerdocio, nos llevó a la Apostólica de Astorga. A mí sólo me aguantaron cuatro meses,… me expulsaron… diciendo que “un carro, con una sola rueda, no puede caminar”. Yo tenía la rueda de los estudios, pero me faltaba la rueda de la buena conducta.

Al año siguiente mi tío me llevó al Seminario Menor de Plasencia (Cáceres), en donde estaba él, terminando sus estudios de Teología. Allí, gracias a la influencia de mi tío y a la distancia que me separaba de mi pueblo, me aguantaron, con mucha dificultad, todo el curso. Pero, en la criba que hicieron para el curso próximo, yo quedé eliminado.

Entonces, el Rector del Seminario Conciliar de Astorga que me había conocido cuando estuve (allí) me recibió en el Seminario, y allí estuve año y medio. En la Semana Santa de 1938, cuando yo acababa de cumplir 14 años, se cansó también de mí y me expulsó definitivamente del Seminario.

Los casi cinco años siguientes los pasé en mi pueblo, trabajando en las canteras de pizarra de mi familia, y cultivando las huertas de mis padres y abuelos. 

Como yo seguía sintiendo la llamada del Señor, volví a comunicárselo a mi tío Ceferino, que estaba de Rector en el seminario de Plasencia. Mi tío se puso en contacto con el Provincial de los jesuitas, el P. Ramón Calvo, manifestándole mi inclinación a la Compañía de Jesús.

El P. Ramón Calvo pidió informes sobre mí a los seminarios en que yo había estado, y contestó a mi tío que “a pesar de los informes, me admitía a prueba”. Esa fue mi salvación. Me enviaron a la Apostólica de los jesuitas de Carrión de los Condes (Palencia) en la que estuve 6 meses… Al cabo de seis meses me mandaron ir al noviciado de Salamanca (15 junio 1943)”.

De los diez hermanos cinco llegaron a ordenarse. Tres el mismo día: 28 de julio de 1957, con permiso de la Secretaría de Estado de la Santa Sede para que el menor de ellos (Felipe, quien después sería obispo de Ávila y Tenerife) que no tenía aún la edad requerida, pudiera ordenarse en la misma fecha. La solicitud venía presentada por la madre: Doña Florentina García Vidal. Los tres se ordenaron en su pueblo y apadrinados por los otros dos hermanos sacerdotes y su tío D. Ceferino.

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