Semblanza del P. Juan Iturriaga Elorza SJ

Jon Iturriaga nació en Bilbao el 28 de mayo de 1932. Entró en el Noviciado de Orduña en septiembre de 1949, donde también hizo su juniorado. Más tarde fue profesor en el mismo juniorado. Fue destinado a Innsbruck para hacer la teología. Recibió allí su ordenación en julio de 1962. Más tarde pasó a Roma para estudiar italiano. Allí sufrió un episodio de enfermedad. Hizo su tercera probación en Paray le Monial.

Jon fue un atleta, buen jugador de futbol, muy aficionado a la montaña, solía ir a esquiar incluso en edad avanzada a los Alpes y a los Pirineos, uniéndose a un grupo estable que acudía en viajes organizados desde Bilbao en el que dejó muy grato recuerdo. De su afán montañero da prueba el que todos los domingos, sin faltar uno, iba al monte Pagasarri cercano a Bilbao y más en concreto al barrio de Uretamendi. Se mantenía por tanto en buena forma física. Era conocido por quienes subían al monte y hablaba con cualquiera de los montañeros que encontraba en el camino. 

Además del gusto por la montaña solía disfrutar mucho de sus vacaciones en Getaria, con el mar, la naturaleza… 

Hombre de muy buena inteligencia, listo, dialéctico, rápido en las respuestas, simpático, buen compañero,… así le recuerdan sus amigos. Obtuvo su doctorado en Comillas – Madrid, sede de Cantoblanco, y le decían el “protodoctor” ya que fue el primero en defender su tesis en la nueva sede.

Vivió la mayor parte de su vida en la comunidad de la Universidad de Deusto, durante años fue profesor de latín y griego en la Facultad de Filosofía y Letras, tuvo siempre el aprecio de sus alumnos. Muy amante de los libros ejerció de bibliotecario en la Facultad de Teología y trabajó en el archivo suareciano con el P. Elorduy. Disfrutaba con el trabajo de bibliotecario y lo ejerció también durante muchos años en la biblioteca de la comunidad.

A causa de su enfermedad tuvo que cuidar su salud. En una ocasión fue destinado a Loyola para reponerse. Se despidió de la comunidad con una carta en la que aceptaba el destino y se declaraba “hijos de obediencia”. Su estancia en Loyola fue breve y empeoró alejado de su Bilbao natal, de su numerosa y querida familia, y de su ambiente. Volvió a Bilbao al poco tiempo.

En sus últimos años decía la misa diaria en la capilla de las Esclavas de la calle Tívoli de Bilbao y seguía ejerciendo como bibliotecario de la comunidad. Por último, marchó a Loyola para un mejor cuidado y al subirse al coche nos comentó: “viaje sin retorno, ¿verdad…? Al poco tiempo fue destinado a Villagarcía de Campos donde estuvo en paz, con buen ánimo, afable con sus compañeros y la comunidad, agradeciendo a todos su servicio. Allí falleció el tres de mayo de 2018.

Javier López Aríztegui, SJ
Bilbao, 04.02.2019

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