Necrológica del H. Benito Rodríguez Gómez SJ

Hay personas, y Benito era una de ellas, que trasmitieron en su vida tal aroma de santidad y autenticidad humana, unánimemente admitida por todos los que le conocieron, que, al adentrase en el terreno de hacer una descripción o semblanza de su vida, tiene uno la sensación de estar entrando en terreno sagrado en el que hay que entrar con los pies
descalzos. Surge el temor de cualquier apreciación inadecuada o de cualquier proyección de la propia escala de valores que pueda ensombrecer, tergiversar o, incluso, inconscientemente manipular, esa irrupción y presencia especial de Dios en la historia que se da cuando una persona se ha dejado configurar por Dios con especial docilidad y fidelidad. Pero, sin embargo, hay que aceptar el desafío porque peor sería que la luz fuera colocada debajo del celemín y dejara de cumplir la misión iluminadora que Dios quiere realizar a través de sus hijos más fieles.

De todas maneras la semblanza de Benito que a continuación se expone no es propiamente tal semblanza, porque es una despedida que le leí a Benito en comunidad cuando se trasladó hace muy pocos meses de nuestra casa de Cartuja a la enfermería de Málaga. Y que fue ya publicada entonces en Informaciones SJ Pero todos éramos conscientes, y Benito también, que aquella despedida en forma de carta, podía estar muy cerca de otra despedida más definitiva. Solo añado a lo entonces dicho que al leer su itinerario vital de su vida en la Compañía podíamos decir que la vida de Benito fue una vida en clave nazarena, de iluminación desde su vida oculta. Sus oficios siempre humildes (limpieza, portería, encuadernación, etc.) fueron auténticas hogueras o fuegos que prendieron otros fuegos, cátedras de las mal altas enseñanzas espirituales y teológicas. Recordemos en ese contexto la despedida de la que fue su casa durante 40 años ahora que ya está en la Casa Eterna del Padre.

Muy querido Benito:

Hasta las piedras gritarían si esta casa y esta comunidad te despidiera hacia tu nuevo destino en Málaga, sin agradecerte en voz alta, y con todos presentes, el inmenso servicio, evangélico e ignaciano, que has prestado, durante tantos años, entre estas paredes y bajo estos techos, desde la portería… tu portería.

La convertiste en un lugar sagrado, un pequeño templo o santuario porque Dios está donde hay espíritu y verdad. Y tú los repartiste y expandiste desde allí a raudales, a manos llenas. Espíritu de fraternidad, de ternura, de servicialidad auténtica, nada que ver con el servilismo. Siempre salía de tu corazón…era evidente. Atento al detalle. Adelantándote
a cada posible necesidad de cualquiera de nosotros. Y atendiendo a cada visitante como si del Señor se tratará. Al estilo de Alonso Rodríguez, el de aquel “voy Señor” que convertía en experiencia mística cada encuentro con cualquier visitante o con cualquier compañero o cualquiera empleada o empleado.

Sí, eso has sido para nosotros todo estos años: otro Alonso Rodríguez, otro hermano Garate, vivientes. 

Tu inteligencia práctica la pusiste al servicio de tu amor detallista. Cada miembro de esta comunidad y cada empleado o visitante, en cualquier etapa de las que has vivido aquí, se lleva, en su memoria y en su corazón, mil detalles tuyos de finura y elegancia evangélica. Nos hemos sentido todos, “mimados” por ti durante tantos años que has vivido aquí. Has sido un bálsamo de paz y disponibilidad. Te tenemos todos auténtica devoción, Benito. Sí. Esa es la palabra: “devoción”. Eso nos inspiras. Nos acercas al Corazón de Jesús, que no es otro que el corazón del Buen Samaritano. Has curado muchas heridas (quizás invisibles) con tu sonrisa y tu solidaridad.

No será fácil acostumbrarnos a tu ausencia física entre nosotros. Nos dejas un enorme vacío. Y una huella de evangelio puro. 

Pero hay algo más: nos dejas el regalo de tu fe. Has sido y seguirás siendo un creyente convencido en el Dios de Jesús. Un hombre profundamente religioso, invadido de Dios. Y esa fe, esa experiencia interior, sí que nos mantendrá unidos a pesar de la distancia física y tu ausencia de nuestra cotidianidad.

Gracias, mil gracias, querido Benito. Nos dejas huérfanos pero consolados. Has bendecido y santificado nuestra casa y nuestra comunidad con tu presencia. Nos has conquistado y robado el corazón para siempre. Recibe un inmenso abrazo de cada uno de nosotros.


Nota: texto escrito y leído por Esteban Velázquez, compañero de comunidad de Benito, en el comedor de la comunidad de Cartuja (Granada) el lunes 12 de noviembre. Tres días antes de la partida del hermano Benito Rodríguez Gómez hacia la comunidad y enfermería de Málaga tras 42 años como portero y encargado de huéspedes.

Esteban Velázquez, SJ
Granada, 15.02.2019


Hoy tienen para mí pleno sentido las palabras: HASTA LUEGO Y GRACIAS A LA VIDA.

Esta tarde jueves 14 de febrero, hiciste tu traspaso al Padre, hermano Benito. Gracias a la Vida, Benito, por haberte conocido a los inicios de mi noviciado en el seguimiento y conocimiento de Jesús.

De ti aprendí a colaborar en la construcción del REINO, pasando el muletón por los pasillos del noviciado y barriendo las escaleras a la vez que limpiabas el polvo de las barandillas. En silencio y trabajando aprendíamos a valorar lo pequeño con Jesús, desde el vientre de María, en el pesebre, en Nazaret, por las aldeas y campos... haciendo de la vieja religión, LA BUENA NOTICIA.

Tú, permaneciste en la institución siendo ejemplo para los nuevos llamados, otros seguimos caminos diversos con tareas diferentes. 

Tú, has llegado ya y nos esperas, -por decir de alguna manera lo inexpresable-. Tu ejemplo permanece entre nosotros para siempre, hurgándonos para que supliquemos la GRACIA de "sentir y gustar interna mente" lo que a ti se te dio ... "completando así lo que falta a la Pasión de CRISTO "

¡Gracias Hermano Benito, por ser para nosotros estímulo en la disponibilidad para seguir a JESÚS colaborando en la construcción del REINO!

Antonio Valenzuela

Descargar la semblanza en pdf en este enlace: 2019 07 Necrológica BenitoRodríguez