Semblanza del H. Ángel González Martínez SJ

De algunas personas se suele decir que son especiales. Del H. Ángel creo que habría que decir que era “diverso”. Porque si sus comienzos laborales estuvieron centrados en las sacristías de diversas ciudades, continuaron en diversas Escuelas Profesionales, para dedicar los últimos años de su vida a un mundo complicado: cárceles, centro de menores, centros de acogida. En nuestras Escuelas Profesionales SAFA de El Puerto de Santa María, se hizo amigo estimado y querido por los chicos con más problemas académicos, pero, sobre todo, con problemas sociales y familiares.

Testigo de lo que escribo son los propios profesores de esos cursos, admirados por el afecto que le tuvieron los alumnos “difíciles de controlar”. Lo mismo les regalaba “piruletas”, que rosarios y estampas. El día de su funeral en nuestra Iglesia, Parroquia de San Francisco, en medio de un profundo silencio, se tuvo un rato de oración al que asistieron sus alumnos “amigos”. Al final, recuerdo que se acercaron tres de ellos y pusieron sobre el féretro algo que llevaban en la mano. Era un rosario y una piruleta. Ese mismo día cumplía 85 años.

Unos días antes, en un acto final de curso, varios alumnos dieron su testimonio en forma de pequeños textos, que siempre comenzaban con un “Gracias, Hermano Ángel, por…” y más de uno, desconociendo su estado eclesial… le llamaban “Padre Ángel”. Para algunos, lo fue.

Si preferimos quedarnos con las cosas buenas, o con aquellas que el Señor premia al final de nuestra vida, tendría que terminar esta breve necrológica con las palabras que escribieron los profesores: “Tuve hambre y me diste de comer…estuve en la cárcel y viniste a verme…”.

Ahora es difícil imaginarlo quieto en el cielo…salvo que en el cielo nos encargue el Padre Eterno, cosas que hacer¡¡¡¡

Fernando Marrero Rivero, SJ

El Puerto de Santa María, 18.06.2019

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