Semblanza del P. Andrés M. Tornos SJ

Querida familia del P. Andrés Tornos, Rector, compañeros y amigos de la Universidad Pontificia Comillas, hermanos jesuitas de esta comunidad y de otras comunidades de Madrid, y todos los que habéis querido acompañarnos esta mañana para despedir a nuestro querido P. Andrés Tornos.

Hoy es la fiesta litúrgica de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Santísima Virgen María y abuelos, por tanto, de Jesús. Dos personas buenas y mayores, como bueno y mayor era Andrés Tornos, con sus 92 años, de los cuales 74 (casi 75) de jesuita y 63 de sacerdote.

Y he querido mantener las dos lecturas de esta fiesta, aunque al principio nos hayan podido sorprender un poco. Andrés siempre ha sido un poco sorprendente.

La primera hace el elogio de los hombres de bien. Nos dice que su esperanza no se acabó y sus bienes perduran en su descendencia. Su recuerdo dura por siempre, su caridad no se olvidará.

Su esperanza no se acabó. Esperanza, que aparece en el título de varios de sus libros y en sus estudios de escatología. Y que juntamente con la fe, también en varios de sus títulos, han sido los pilares de su espiritualidad.

Sus bienes perduran en su descendencia. La lectura habla de hijos y nietos. La fecundidad de Andrés perdura en sus muchos alumnos y compañeros de trabajo.

Andrés ha sido un hombre fecundo. Ha sido un filósofo y un teólogo, no un mero profesor que transmite unos contenidos ya fijados de antemano. Dando Antropología, Psicología o Teología Dogmática, ha hecho filosofía y teología, sus clases eran pura creación, no había dos clases iguales.

Empezó como profesor en esta casa de Alcalá de Henares, cuando era Facultad de Filosofía. Él, con otro grupo de jóvenes y magníficos profesores, hicieron el tránsito suave, pacífico, pero definitivo de la filosofía más tradicional a una filosofía más moderna y actual. Yo le tuve aquí de profesor de Antropología Filosófica y nos hacía vivir la filosofía y ser también creativos. Con la cantidad de trabajos que tuvimos que hacer, tanto en Filosofía como en Teología, solamente me acuerdo del título del que hice como final de sus clases. Porque no había un examen tradicional en el que tuviéramos que dar cuenta de unos conocimientos aprendidos de memoria, sino que con la metodología de sus clases nos enseñó también a ser creativos como él. Hoy suena un poco cursi, pero se titulaba “Inserción realista y personal del hombre en su existencia por el amor”. Y si es el único del que me acuerdo, es porque nos lo hacía vivir, implicarnos personalmente y no un mero copia y pega de otros muchos trabajos. Ahí está su fecundidad y su descendencia.

El evangelio llama dichosos a sus discípulos porque sus ojos ven y sus oídos oyen lo que muchos profetas y justos desearon ver y oír.

Y también sorprende, sabiendo que Andrés había perdido muchísima vista y mucho oído en los últimos años de su vida. Pero es otra visión y otro oído al que hace referencia Jesús. En uno de sus libros habla de esta nueva visión que da la fe: una visión interior, una visión de Dios y una visión del mundo real y actual. Desde esa visión antropológica, psicológica y teológica, ve y oye a los hombres de este mundo que sufren y fundamentalmente a los migrantes. Y por eso, juntamente con Rosa Aparicio, interviene en la creación del Instituto Universitario sobre Migraciones de la Universidad de Comillas, que nace en el año 1994, justo tres años antes de pasar a ser Profesor Emérito. Y, juntamente con Rosa, a la que quiero dar las gracias por lo mucho que ha colaborado con él, le ha atendido y cuidado hasta el final, dedica prácticamente toda su actividad desde entonces a la investigación y docencia sobre esta materia, no pensando solo en la teoría, sino en las personas concretas que sufren este drama de nuestro tiempo, a las que ve y oye con esos ojos y oídos nuevos de los que nos habla Jesús en el evangelio y que hace dichosos a sus discípulos, entre ellos a Andrés.

Termino haciendo dos referencias. Una a los sitios donde ha vivido. Quitando un año en la residencia de profesores de Moncloa 7 y otro en Cantoblanco, siempre ha vivido en barrios humildes y sencillos: 14 en Aluche, 3 en Valdezarza y 29 en la Ventilla. Sencillez y humildad de vida de un hombre sabio y querido por todos los que le han tratado.

Y la segunda referencia a la familia. Una familia numerosa, de la que ha disfrutado y a la que ha hecho disfrutar él también, compartiendo los momentos importantes. Estos últimos días ha estado rodeado de mucho cariño familiar.

Descansa en paz, Andrés, y que, con esos ojos y oídos nuevos, puedas ver y escuchar al Señor que te dice “entra en el gozo de tu Señor”.

Rafael Mateos Poggio, SJ
Alcalá de Henares, 26.07.2019

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