Semblanza del P. Antonio T. Guillén Paredes SJ
El día 15 de septiembre partió para la casa del Padre Timo, como era conocido por todos los compañeros jesuitas, en el Hospital Clínico de Salamanca.
Timo nació en Valencia hace 76 años, el mayor de cuatro hermanos. En la historia familiar hay dos lugares que serían claves en su vocación: Loyola y Fontilles. En las visitas de varios días que la familia hacía cada año a Loyola sintió siendo niño, que Jesús le llamaba a seguir los pasos de S. Ignacio, vocación incipiente que fue cultivando con fidelidad hasta su ingreso en la Compañía. En Loyola, hizo dos años de filosofía. La persona de S. Ignacio y la espiritualidad ignaciana marcarían de forma especial su itinerario de jesuita.
Fontilles fue durante muchos años un sanatorio puntero en España en la acogida de enfermos de lepra y en la investigación en la lucha contra esta enfermedad. El P. Ferris, movido por la enorme marginación que sufrían por parte de la familia y la sociedad los enfermos de lepra, frecuentes en aquellos valles del interior de Alicante a finales del siglo XIX, fundó, con la valiosa ayuda de varios colaboradores seglares, el sanatorio de Fontilles para dar amparo y cobijo a aquellos enfermos. La vinculación de la familia de Timo con Fontilles era muy fuerte. Un abuelo suyo fue gran colaborador del P. Ferris en los albores de la obra. El padre de Timo, Antonio Guillén, fue también estrecho colaborador del P. Villalonga en la consolidación de Fontilles y tuvo un papel primordial en la vida de esta obra a lo largo de los 30 años en los que fue Presidente de la Junta. Timo respiró desde su infancia, en sus frecuentes visitas al sanatorio, la atención y el servicio a los más desfavorecidos, algo que lo marcó también para siempre.
Al término del bachillerato en el colegio de El Pilar de los Marianistas, cursó 2 años de ingeniería, tras los cuales ingresó en el noviciado. Años llenos de sueños e ideales de seguimiento de Jesús, a los pies del Moncayo y bajo la atenta mirada de la Virgen de Veruela. Fue allí donde Antonio, como era conocido en la familia, pasó a ser Timo para siempre entre sus compañeros jesuitas. Nos dijo un día que su segundo nombre era Timoteo; bastó aquello para que quedara ya rebautizado con el cariñoso apelativo de Timo. Timo hizo gala hasta su muerte de un excelente sentido del humor. Su humor era rápido, chispeante, sabía “tomar el pelo” sin herir nunca, pues él era el primero que no se daba importancia a sí mismo. Su humor brotaba de su carácter alegre y jovial, de una profunda alegría que siempre mantuvo y de la verdadera humildad. Refiero a continuación una anécdota del Noviciado que lo pone de manifiesto. Era el “Bedel”, el encargado de los novicios, y cogió fama de autoritario por su manera de ser recia y directa.
Alguien consiguió un tricornio de la guardia civil y Timo arbitró un partido de fútbol, deporte del que no tenía ni idea, tocado con el tricornio.
Tras el juniorado en Aranjuez y la filosofía entre Loyola y Pullach, hizo estudios de economía en la Universidad Complutense. Los años de teología en Madrid los realizó viviendo en el barrio de San Blas, en un ambiente popular y sencillo. La sencillez y la facilidad en conectar con la gente humilde serán otra característica de la vida de Timo. La etapa de formación culminó con la ordenación sacerdotal en Valencia en 1974.
En su vida apostólica hay dos etapas claramente diferenciadas: la etapa que podríamos calificar de docencia universitaria y de gestión, y la etapa pastoral. Si bien son claramente diferenciadas en cuanto a las misiones que desempeñó, hay que decir que el afán pastoral y de ayuda a los otros estuvo siempre presente en él. Aunque desempeñó con acierto su misión en el ámbito docente universitario, no era esa la motivación profunda de su vida.
La etapa de docencia y gestión transcurrió como profesor y Director a lo largo de cinco años en Alicante, en CESA, una Escuela creada por la Compañía para la formación de empresarios, cuando no existían las Escuelas de Empresariales. Fueron años de docencia y estudio en el campo económico, social y político; pero, como queda dicho, la pastoral está presente desde el primer momento, como lo muestra su colaboración en el Centro Loyola de Alicante y en los primeros ejercicios que empieza a dar ya en estos primeros años tras la ordenación.
Su etapa de relación con la economía seguirá en el ámbito intrajesuítico, durante los catorce años en los que desempeñó la misión de Ecónomo Provincial. Hay que decir que Timo no se sintió nunca encajado en esta misión que se le confió. La desempeñó con conocimiento y eficacia, pero la vivía “a contrapelo”, pues sentía que no había venido a la Compañía a manejar dineros, sino a “ayudar y aprovechar a otros muchos”. Siempre estuvo disponible para ir a donde la obediencia se lo pidiera, por su espíritu de fe y por el gran amor que tuvo siempre a la Compañía, prueba de ello es este largo período de su vida en una misión que llegó a constituir para él una cierta “prueba” Fue entonces, durante estos largos años, cuando buscó la manera de incrementar la práctica de dar ejercicios, para poder desarrollar lo que constituía la verdadera pasión de su vida: “el ayudar y aprovechar a otros” en el camino del espíritu.
Su afán pastoral lo desarrolló en Fontilles, como voluntario ya desde la teología, cuando empezó a frecuentar el sanatorio durante amplios períodos vacacionales. Su trato abierto, cercano y familiar le granjeó la amistad y el cariño de los enfermos y personal del sanatorio. Fontilles fue su mejor Universidad, en la que aprendió las lecciones más importantes para su vida: la cercanía a los marginados, la ternura y la compasión. Timo era recio de carácter, de principios bien fundados, claro y noble en sus juicios y opiniones. Esto le hacía aparecer a ojos de algunas personas como excesivamente duro y tajante en ocasiones. Nada más lejos de la realidad; tras esa apariencia, escondía un corazón tierno y compasivo y era profundamente humilde. Fontilles quedaría grabado en su corazón y será un referente vital que le acompañará durante toda su vida. Fue su casa durante siete años en los que desempeñó el cargo de vicesuperior y encargado de pastoral y el lugar a donde se retiraba en muchas ocasiones para servir a los enfermos y despejar su espíritu. Tras su salida oficial, continuó ligado a Fontilles por seguir formando parte de la Junta, vinculación que no desapareció hasta que la Compañía dejó la obra.
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