Semblanza del H. José M. Ucendo Angulo SJ

En estos diez últimos días hemos celebrado la fiesta de dos santos y un beato jesuitas. San Pedro Claver, el gran misionero, el esclavo de los esclavos negros, como decía él de sí mismo. San Roberto Belarmino, gran teólogo, obispo, cardenal y doctor de la Iglesia, pero que siempre quiso vivir sencillamente y del dinero que le daban, gran parte de él se lo daba a los pobres. Y el Beato Hermano Francisco Gárate, portero durante 41 años en la Universidad de Deusto.

Y en la Eucaristías de estos días he dicho que para ser santo lo importante no es lo que se hace, sino cómo se hace y por quién se hace. Y lo mismo podríamos decir de San Alonso Rodríguez, patrono de los Hermanos de la Compañía, también portero durante 46 años en el colegio de Montesión.

Nuestro Hermano José María también ha tenido un oficio sencillo en sus 66 años de jesuita. Siempre ha sido cocinero y de ellos 42 en esta comunidad de Alcalá. Ocho años en Aranjuez; era el cocinero de mi noviciado. Y uno o dos años en Areneros, Chamartín, San Jerónimo en Murcia o Badajoz.

Pero como nuestros santos y beatos, lo importante no es lo que ha hecho, sino cómo y por quién lo ha hecho. Lo ha hecho siempre con dedicación plena, con responsabilidad, también con sentido del humor. Y, sobre todo, con mucho cariño, con delicadeza, con ganas de agradar a todos. Un compañero jesuita que vivió en esta comunidad me mandó ayer un mensaje y, entre otras cosas, me decía “Aunque le costó dejar la cocina fue un ejemplo de disponibilidad y facilitó las cosas con resignación cristiana”. Esto es el cómo ha hecho las cosas nuestro Hermano José María.

Y por encima de eso, por quién lo ha hecho. A los 25 años siente la vocación a la Compañía y entra en el noviciado de Aranjuez. Y como dice nuestra Fórmula del Instituto, y recordábamos hace pocos días al celebrar los 75 de Compañía de dos jesuitas de esta comunidad, “para ser soldado para Dios bajo el estandarte de la cruz y servir a sola su Divina Majestad y a ejercitar todas las obras de caridad, según que parecerá conveniente para la gloria de Dios y el bien común, haciéndolas totalmente gratis, y sin recibir ninguna remuneración por su trabajo”.

Su servicio de cocinero ha sido para servir solo a Dios y a sus hermanos jesuitas.

Pero para poder vivir así, en este servicio, también tiene el jesuita que ser fiel, y José María lo ha sido, a lo que sigue diciendo la Fórmula del Instituto: “Y procure tener ante los ojos mientras viva, primero a Dios, y luego el modo de ser de su Instituto, que es camino hacia Él” Es lo primero que ha tenido en su vida y ha sido un buen jesuita.

Por eso, el Evangelio que hemos escuchado, nos habla de tristeza y alegría. Tristeza porque ha dejado de estar entre nosotros, pero alegría porque sabemos que ya se ha encontrado con el Señor y le ha dicho: “Siervo bueno y fiel pasa al banquete de tu Señor”.

Y como nos decía San Pablo en la segunda lectura: “Nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto de vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para la salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad”. Por eso, damos gracias a Dios por la vida del hermano José María, amado y escogido por el Señor.

Y para nosotros nos dice: “Así, pues, hermanos, estad firmes y retened la doctrina que habéis aprendido. Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra”.

Le pedimos al Señor que conforte nuestro corazón y nos confirme en toda buena palabra y obra, como hizo con el H. José María Ucendo.

Rafael Mateos, S.J.
Alcalá de Henares
19 Septiembre 2019

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