Semblanza del P. Ignacio Rodríguez Izquierdo SJ

Querida familia de Nacho; D. Florentino Rueda, Vicario General de la Diócesis; D. Fermín Peiró, Vicario Episcopal para la Vida Consagrada; D. Pedro Luis Mielgo; párroco de San Juan de Ávila; hermanos jesuitas de las comunidades de Badajoz, Ventilla y otras de Madrid, de Valladolid, de esta comunidad de Alcalá.

Hoy es la fiesta de Santa Teresa de Jesús, la gran santa española, que fue canonizada el mismo día que San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, además de San Isidro Labrador y San Felipe Neri. Cuatro santos españoles y dos jesuitas, el 12 de marzo de 1622.

Y he querido mantener las lecturas de la liturgia de hoy, porque resumen lo que fue la vida de esta santa, pero también la vida de Nacho, que nos ha dejado para vivir ya siempre en la casa del Padre.

La primera lectura, del libro del Eclesiástico, dice que “se le dará sabiduría… para que abra la boca en la asamblea”. Y en el salmo hemos ido repitiendo. “Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré”. Así podíamos resumir la vida de Nacho, la misión que había recibido de la Compañía en sus 53 años de jesuita y 43 de sacerdote.

Siempre como párroco o como vicario parroquial, ha estado en medio de la asamblea, ha presidido las celebraciones y en ellas ha abierto la boca, como nos dice el salmo, para anunciar el nombre del Señor a sus hermanos, a los fieles de la parroquia, y para alabarle. De esta manera, los que han sido sus feligreses, los que han tratado con él, han conocido más al Señor y también le han alabado.

Esta labor, después de ser ordenado sacerdote en 1976, la comenzó en la ciudad donde nació, en Badajoz, primero como prefecto de pastoral y subdirector del colegio menor de la Escuela Virgen de Guadalupe, durante cinco años, y después como párroco de la Santísima Trinidad durante trece años. Fueron años muy fecundos en la parroquia, en plena juventud, donde fue muy querido y donde se alegraron mucho cuando volvió, ya muy mermado de fuerzas, prácticamente los tres últimos años de su vida, antes de venir a esta comunidad hace unos meses.

También desarrolló su labor en las Parroquias del Pozo y de la Ventilla, en esta última durante nueve años. Un año colaboró en la parroquia del Miagro, de Salamanca.

En el año 2010 fue destinado a esta comunidad de Alcalá y durante 6 años colaboró lo que pudo en la parroquia de San Juan de Ávila, a la que estaba adscrito. En esos años ya decía él mismo que no podía hacer mucho. Muchas visitas a médicos y especialistas, que no podían hacer nada por detener la enfermedad que tenía y que seguía avanzando y mermando cada vez más sus facultades y su energía.

Los tres últimos años pudo pasarlos en Badajoz, colaborando lo poco que podía en la que había sido su parroquia. También pudo disfrutar de la familia y la familia de él. Siempre ha sido una familia muy unida.

Y toda esta labor que ha realizado, ha sido siempre con sencillez. Por eso da gracias Jesús en el evangelio: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”. A Nacho, como hombre sencillo, el Padre le ha revelado sus cosas y él las ha podido proclamar en medio de la asamblea, en la tarea parroquial que se la había confiado.

Y el final del evangelio nos recuerda también sus últimos años y los meses que ha pasado en nuestra comunidad: “Cargad con mi yugo y prended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso”. Ha cargado con el yugo de la enfermedad, que le iba debilitando cada vez más, pero ha sido, como Jesús, manso y humilde de corazón y en Él iba encontrando el descanso, que ya ha sido definitivo. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”.

Nacho ha ido, ya está con el Padre, y Él le ha aliviado para siempre.

Nosotros, con Jesús, también damos gracias al Padre porque ha revelado sus cosas a un hombre sencillo, que ha sabido alabarle y comunicar su nombre y sus maravillas en medio de la asamblea de los fieles.

Como San Ignacio, como San Francisco Javier, como Santa Teresa de Jesús, como Nacho, nosotros, desde nuestra sencillez, también hemos sido llamados a comunicar lo que el Señor nos ha revelado, en medio de nuestras asambleas, en medio de nuestras vidas.

P. Rafael Mateos S.J.

Descargar semblanza escrita por Rafael Mateos SJ en este enlace: 2019 38 Necrológica P. Ignacio Rodríguez

Descargar semblanza escrita por Pedro Armada SJ en este enlace: 2019 38 Semblanza Ignacio Rodriguez