Semblanza del P. Carles Portabella SJ

Cuando los hijos de Zebedeo, con su madre pidieron a Jesús sentarse en su gloria uno a su derecha y otro a su izquierda, Él les dijo: “…quien entre vosotros quiera llegar a ser grande que se haga vuestro servidor…pues el Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida…”

Si alguna cosa hay que destacar de Carlos Portabella es su disponibilidad de servicio. Servicio en la administración de la provincia y de diversas comunidades. Servicio a las personas mayores con sus visitas semanales a los enfermos de la enfermería de Sant Cugat y sus frecuentes acompañamientos a dar un buen paseo en su coche. Su hobby de conductor lo aprovechaba siempre en este sentido, significativamente acompañando a compañeros jesuitas mayores a unos días de minivacaciones de verano, la última vez a fines del pasado julio. Yo también disfrutaba haciéndole de copiloto algunos miles de quilómetros (no es exageración):”Yo conduzco, tú me guías y me indicas” acostumbraba a decirme.

Carlos entendió muy bien aquella oración de Jesús:” Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla!...” Hay un cosa sorprendente que refleja su actitud sencilla. Solía repetir: “yo soy poco sociable”…y después de comprobar su relación familiar continuada con sus hermanos y sobrinos, y su relación de amistad con los profesores y el personal de servicio del colegio de San Ignacio de Sarrià, el personal de la Santa Cueva de Manresa y los Amigos de San Pedro Claver de Verdú…uno piensa: pues si no hubiera sido poco sociable, qué habría pasado!

No le conocí en los primeros años de su vida. Sus estudios de ingeniería industrial textil en Terrassa, donde –circunstancias de la vida- terminó su peregrinación. Sus años de formación en la Compañía. Su trabajo como socio y como administrador provincial, su estancia en la India, su servicio y acondicionamiento en la casa de la Cueva de Manresa, su colaboración a la escuela Cintra, del Raval y al centro de acogida a los sin hogar, Assís, …

He convivido con él desde 1994 a 2011 en la pequeña comunidad del barrio de Hostafrancs de Barcelona y los últimos tres años en la residencia Javier de Sarrià. Hemos trabajado juntos en las comunidades y en el Archivo Histórico de la provincia, donde ha dedicado, de manera muy eficaz, muchas horas estos últimos años, hasta muy pocos días antes de caer en su última y breve enfermedad.

Hay otra cosa que me gustaría destacar: su prodigiosa memoria. La letra de poesías, obras de teatro, canciones; textos castellanos, catalanes y en latín. Los recordaba de una manera extraordinaria. Disfrutaba con la buena música, de acuerdo con su buen gusto artístico. También le agradaba mucho el mar: bañarse, nadar, pasear largamente por la playa y tumbarse un buen rato en la arena. Igualmente contemplar la belleza de los paisajes de la naturaleza. Le gustaba comentar en versión francesa: “estas son las montañas que Dios ha hecho para nosotros” plagiando el comentario de un jesuita francés.

Se admiraba delante de las maravillas arquitectónicas del románico catalán y ante las esculturas y cuadros bien hechos: su buen gusto artístico a veces le hacía quejarse, lamentar lo que no le parecía bien. Tenía también una buena afición al Barça y veía con mucho interés los partidos en la televisión.

Carlos era un hombre de oración. De buenos ratos en la capilla, delante del sagrario. Celebraba con gran sencillez la eucaristía, que últimamente la hacía en la comunidad y en los monasterios de Sant Pere de les Puelles y de Pedralbes.

Anteriormente, durante mucho tiempo había celebrado en las Esclavas del Sagrado Corazón y en la parroquia de Santa Dorotea.

Ya al final en su última etapa, comentaba que ya había terminado lo que tenía que hacer. Había hecho muchas cosas…y bien hechas (decía con una humildad sincera y un poco irónica). El testimonio de su disponibilidad, su servicio y su simplicidad me ha animado a hacer crecer en mi vida estas actitudes.

Pido que desde su nuevo destino, allá arriba, nos haga a todos más sencillos y dispuestos al servicio a todos aquellos que lo necesiten.

Francesc Casanovas, sj.

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