Semblanza del P. Alejandro Cuervo-Arango SJ

El 15 de octubre de 2017 se le hizo al P. Alejandro una pequeña academia de despedida en el colegio de La Inmaculada de Gijón, a cuya comunidad pertenecía desde hacía menos de un año. Se dijo de él que era el jesuita que había hecho más viajes apostólicos, superando a San Francisco Javier y a San Pablo juntos. El género seudoliterario del acto permitía estas exageraciones; pero luego seguía la enumeración de los lugares visitados por Alejandro, como misionero y, sobretodo como Secretario Provincial de Misiones, y resultaba que no. Las distancias cubiertas eran mayores que las de Javier y Pablo; he aquí algunas: Londres, París, Vietnam, Tailandia, Cambodia, Canadá, Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, Perú, Taiwan, Pekin, Hongkomg, Saigón, Sudáfrica, Tchad, Mozambique, República Centroafricana, cada una de las naciones centroamericanas, y más: Sus pasaportes, bien conservados, lo atestiguan. La lista de los lugares de residencia y trabajo en España, separados, claro es, por distancias más modestas, tampoco son pocos.

Sus padres, Don Fernando Cuervo Arango y Doña Josefina Martínez-Arcos crearon una familia de 14 hijos; dos, él e Ignacio, entraron en la Compañía, ocho le acompañaron en la misa exequial. A ellos, al resto de sus familiares, y también a los destinos y viajes de Alejandro se refirió el P. Teodoro García Estalayo, Rector del Colegio de San Estanislao (Salamanca) en la homilía en la que hizo su semblanza.

«El número de familiares aquí presentes (unos 30), me invita a pensar que su familia, vosotros, erais significativos en la vida de Alejandro. Si estáis aquí es porque él os quería y vosotros le queríais a él. La importancia de la familia. Erais importantes para él. Familia numerosa. Familia unida. Familia como punto de referencia. Y estoy convencido de que Alejandro era cercano, cariñoso, dispuesto para con todos. Cuántas celebraciones matrimoniales, cuántos bautizos, comuniones, algún funeral... Alejandro era punto de unión de unos y otros. ¡Y él os necesitaba! Salinas, en todo momento, significaba el lugar de descanso, de encuentro, de volver a los orígenes, a la vida. Hasta hace pocos meses, su obsesión era crear una gran base de datos con todos vuestros nombres, direcciones, teléfonos... Y os llamó una y mil veces. Y pidió ayuda a diversos colaboradores.

Necesitaba tener en esos momentos su cabeza ocupada. Pero, sobre todo, estaba queriéndoos decir lo mucho que significabais para él. Tener vuestros datos era como teneros a todos cerca. Aunque para afinar algún detalle os llamara a las tantas de la madrugada.

En la carta que el Delegado para la Tercera Edad le escribía dos años atrás, y con la que le destinaba a Salamanca, le indicaba: “Que este nuevo tiempo, Alejandro, sea para colaborar hasta donde el cuerpo aguante y un tiempo para seguir dando gracias a Dios por todos los caminos ya recorridos a lo largo de tu vida”.

“Colaborar hasta donde el cuerpo aguante”. Las ganas de entregarse de Alejandro eran vivas, y los destinos de su entrega, numerosos. Y esto habla de su afán por trabajar por el Reino que le habían acompañado a lo largo de su vida. Presidió algunas eucaristías en la parroquia, inició unas clases de español a inmigrantes...Pero el deterioro de su salud empezaba a hacer mella. Seguía pensando que las fuerzas le acompañaban como cuando marchó a Saigón.

Alejandro soñaba, y como a San Ignacio en Loyola, le urgían apostolados y tareas que le ilusionaban: Inmigrantes, Pueblos Unidos, Fe y Alegría, acompañar a los enfermos, ayudar a jóvenes, formar a otros, dar ejercicios en la vida ordinaria... y había que recordarle con cariño que ese tiempo había pasado, que sus fuerzas iban menguando, que había que aceptar una nueva vida de pasividad, de disminución. ¡Qué fácil decirlo, qué difícil aceptarlo!

Resulta interesante el currículum de Alejandro. Diecisiete destinos figuran en él. Ocho dedicados a la formación (17 años): Salamanca, Comillas, Gijón, Saigón, Canadá, Madrid, Alcalá de Henares, Madrid. Ocho destinos hablan de sus tareas apostólicas encomendadas por la Compañía: docencia, dirección y gestión ocupan veintidós años. Salamanca, Gijón, Oviedo, Valladolid y Logroño. Superior en Oviedo y Cristo Rey, en Valladolid. Ministro y administrador en Ruiz Hernández, Valladolid; cinco años. Siempre estuvo disponible para aceptar aquello que los superiores le pidieron. Momentos dulces. Momentos amargos... Las situaciones con las que se encontraba no fueron siempre las más deseadas. La Compañía confió en él. Honradez y nobleza destacan. El superior que le acompañó en “tiempos sombríos” dejó escrito: “Excelente persona y ejemplar sacerdote; jesuita que ha aguantado lo inaguantable”. Por aquellas mismas fechas, alguien que le conoció, decía: jesuita “auténticamente comprometido con la labor educativa y pastoral del Colegio”.

En la enumeración de destinos, al final, aparece su misión al frente del Secretariado Provincial de Misiones, primero desde Valladolid y a partir de 2002 desde Palencia: dieciséis años fecundos. Misión en la que Alejandro se encontró a gusto y desempeñó con entusiasmo. Quienes trabajaron a su lado le recuerdan gratamente. Prudente, austero y servidor de los más necesitados. Su tarea al frente del Secretariado de Misiones así lo exigía.

Hasta siempre Alejandro. Entregaste tu vida por entero al Señor, a su servicio. Dios, buen pagador, te premiará. Descansa en paz»

El P. Alejandro nació en Avilés el 2o de mayo de 1941; falleció en Salamanca el 5 de noviembre de 2019, con 78 años de edad y 61 de compañía. Su salud empezó a deteriorarse ya en Gijón, donde coincidí con él un año escaso, preparaba material para homilías y ejercicios y para unas proyectadas clases de español para extranjeros que pensaba ofrecer en Salamanca. Se veía que los grandes ideales de su vida derivaban poco a poco a obsesiones: los pobres, los enfermos, las misiones, los emigrantes. Era insistente. 

A mi llegada a aquí, pude ver todavía este material en su habitación, que entonces estaban vaciando, porque a él le subían a otra, de la enfermería. Mientras su conciencia le concedía esporádicos y breves momentos claros impresionaba la devoción de sus expresiones religiosas, en el rosario de comunidad y en la misa: su modo de santiguarse, sus manos juntas, su mirada que de pronto se encendía como si reconociera a alguien, por quien era conocido.

P. Antonio Pérez, S.J.

Descargar semblanza en pdf en este enlace: 2019 40 Necrológica P. Alejandro Cuervo-Arango SJ