Semblanza del P. Jerónimo Valpuesta SJ

A la vista del currículum de Jerónimo Valpuesta que se nos ha enviado hace unos días se comprueba enseguida que el estudio de la Filosofía no era lo suyo. Cuando el P. Leovigildo Salcedo en clase de Lógica decía: «O llueve o no llueve», Jero le respondía: «O chispea». Con eso, toda la Filosofía, desde Aristóteles hasta nuestros días, se tambaleaba. Cuando fue destinado al seminario de Córdoba lo pusieron a enseñar Griego y Jero decía: «He tenido que suspender a un alumno, porque sabía menos que yo y eso ya no se podía consentir».

Lo suyo era, sin duda, su capacidad de acercarse a las personas con afecto grande. En estos últimos años, cuando aún podía caminar desde la Residencia de los jesuitas de Huelva hasta el centro SAFA-FUNCADIA, pasaba horas sentado en la puerta del centro escolar y hablaba con quienes entraban y salían. Sus palabras fueron siempre de afecto, de bien, de bondad, de fe.

Con ese modo de ser, Jero ha hecho un bien inmenso en su ejecutoria de párroco. Él decía: «Al final lo que queda es lo que me enseñó mi madre: las tres avemarías y el escapulario del Carmen». De esas vivencias de su madre y de su familia salieron también las vocaciones de sus dos hermanos jesuitas, Pepe y Juan, y de sus hermanas religiosas. Era una teología embebida en su persona y en su trato. De esa doctrina vivía y predicaba. Todo eso se hacía realidad sentida al compartir la vida de las hermandades: en Sevilla, especialmente, de la Hermandad del Rocío de Triana y de la del Gran Poder. Jero sabía relacionarse con la gente y valoraba la devoción popular. De sus muchos años de párroco almacenó una enorme experiencia parroquial y pastoral y tuvo buen talento para administrar esa riqueza de su personalidad. Él se consideraba de la gente y la gente lo consideraba suyo, porque derrochaba sencillez, humildad, cercanía y afecto.

La muerte de Jero ha sido muy sentida porque dejó en sus compañeros, y en los fieles de todas partes donde estuvo, el recuerdo de quien los entendía y los quería. Los que lo quisimos bien damos gracias a Dios porque lo puso cerca de nuestra vida.

Guillermo Rodríguez-Izquierdo S.J.

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