Semblanza del P. Pedro Cambreleng SJ

“Tomad, Señor, y recibid”

Acepto con temor y temblor este encargo de la Curia como una especie de contrapartida por no poder hacerme presente, como hubiera sido mi deseo, en el funeral de Pedro en Salamanca. Y comparto mi sencillo testimonio de adiós con los compañeros jesuitas, con su familia, con sus muchos amigos y amigas, para que lo completen.

Tomen esta página, como si fuera una invitación a orar al estilo de los Ejercicios “discurriendo solamente por los puntos con breve o sumaria declaración”. Completen pues los lectores y “sientan y gusten” …“porque no el mucho saber…”[EE 2].

La enfermedad y este adiós a/de Pedro (que se nos antoja prematuro) son como los últimos puntos de sus últimos ejercicios, su ministerio favorito, el eje vertebrador de su misión. En su corazón, en sus últimos y agitados sueños, seguramente resonaron las palabras de la última plegaria del librito de Ignacio: “Tomad, Señor, y recibid” [EE 234].

Pedro luchó denodadamente contra el cáncer, rodeado de afecto, cuidado amorosa y competentemente desde la enfermería de Salamanca. Pero no pudo vencerlo. Estamos todos muy agradecidos a Teodoro que personifica a todo el equipo que lo cuidó.
La noticia –esperada y temida, presentida- que ayer a mediodía nos sacudía dolorosamente, removió y remueve recuerdos y afectos muy profundos.

No puedo evitar el hacer repaso de mi relación personal con él. Nuestras historias han estado intensamente unidas desde la infancia y adolescencia en el Colegio San Ignacio de Las Palmas. Con 16 años hicimos el viaje en barco para entrar al noviciado. Luego vino el largo periodo de formación; la ordenación en la catedral grancanaria... Más de 60 años de Compañía, de compañía. Pero ésa es materia para mi propia contemplación. Compañero del alma.

Recorran el curriculum vitae de Pedro, que recibimos acompañando a la dolorosa noticia de su partida; revivan al leerlo cuándo y cómo se encontraron con él; su itinerario expresa muy bien su caminar fecundo e intenso por lugares y misiones plenamente jesuíticos. Y transformen en puntos de oración su vida toda y en particular sus encuentros con él.

Su caminar en misiones… Pastoral juvenil, colegial y vocacional en El Puerto, Canarias, Sevilla etc.; largo y silencioso trabajo en las cárceles de Tenerife, Las Palmas y Sevilla; socio… Maestro del añorado noviciado sevillano de las antiguas provincias de Toledo y Bética, una misión de confianza que le hace hoy ser cariñosamente recordado por varias generaciones de “sus” novicios… Y en todo ello, en todos los destinos, Ejercicios, muchos y muy buenos EE. En todas sus modalidades, incluidos numerosos Ejercicios de mes.

Pedro era Pedro. Fiel a sí mismo. Todos nos hemos beneficiado de su sentido del humor, de su alegría vital, de sus achaques de la vista, de su meticulosidad, de sus enfoques ignacianos hasta la obsesión y hasta de sus manías…. Todos lo hemos querido como era.

Añada cada uno su propio y particular recuerdo, su propio y particular “sentir y gustar internamente”.

Por favor, Pedro: descansa en paz y espéranos intercediendo ante el Padre.

José J. Romero Rodríguez SJ - 10 de enero de 2020

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