Semblanza del P. Javier María de Santiago SJ

Funeral por el P. Javier de Santiago. Alcalá. 25, enero, 2020

En la fiesta litúrgica de la Conversión de San Pablo, celebramos esta Eucaristía en memoria del P. Javier de Santiago, que, después de una vida larga, ha fallecido con 96 años de edad, 76 de Compañía y 62 de sacerdote.

Y, como siempre, buscamos en la Palabra de Dios de este día, esa luz que aumenta y fortalece nuestra fe y nuestra esperanza, cuando despedimos a un ser querido. Y también, como nos dice el mismo Jesús en otra ocasión de su vida: “Hoy se cumple esta palabra que acabáis de oír”. Y se cumple, se ha cumplido en el P. Javier de Santiago.

En la primera lectura, Pablo, después de caer por tierra, envuelto con el resplandor de un relámpago, pregunta “Qué debo hacer, Señor” Y Ananías le dice: “El Dios de nuestros padres te ha elegio para que conozcas su voluntad, para que vieras al Justo y oyeras su voz, porque vas a ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído”. Y lo mismo en el Evangelio: “Id por el mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.

Y, como os decía antes, esta Palabra se ha cumplido en el P. Javier. A los 20 años escucha esta llamada y entra en la Compañía. En sus largos años de formación, Aranjuez, Chamartín, Granada, San Jerónimo, sigue viendo a Jesús y oyendo su voz, y empieza a ser testigo de todo lo que ha visto y oído.

Su primer destino es Maldonado, donde permanece 15 años. Es párroco de San Francisco de Borja y consiliario de las Congregaciones de Caballeros del Pilar y de Agricultores y Ganaderos. Y durante 8 años, director de los programas religiosos de RTVE.

Marcha después a Roma, para ser director de los programas en lengua española en Radio Vaticana, durante 9 años.

Su labor durante estos 17 años en RTVE y Radio Vaticana, es una manera distinta de ser testigo del Evangelio, haciéndolo accesible a muchas personas, que de otra manera no tendrían acceso al mismo.

Vuelto de Roma, regresa a Madrid, a la residencia de la calle Almagro, y durante 25 años es, como decimos en la Compañía, operario: atender espiritualmente, como consiliario, a diversos grupos y dar ejercicios.

Y los últimos años en esta comunidad de Alcalá, muy deteriorada ya su salud.

Hay que decir también que era un artista. En los comienzos de esta casa decoró en hierro forjado, que lo trabajaba muy bien, el comedor, la portería, la entrada de la casa y otros lugares. Y como todo artista era un hombre peculiar.

Yo le he conocido solo en esta etapa final. Y un hombre, que ha sido especialista en medios de comunicación, no se comunicaba con palabras. Cuando todos los días, en el desayuno, le decía buenos días, sí me contestaba buenos días. Y cuando le preguntaba ¿qué tal?, me respondía: bien. Ya no decía ninguna palabra más, pero siempre esbozaba una sonrisa, que era su manera habitual de comunicarse. Y en esa sonrisa comunicaba muchas cosas de su estado actual: era una sonrisa de paz, de agradecimiento, de reconocimiento, de cariño. Ese cariño lo transmitía también a las enfermeras y al personal auxiliar, que en su trato y cuidado trataban de responder también con el cariño que le tenían.

Cuando le preguntaban algo, contestaba con una sonrisa. Cuando le insistían un poco más: ¿estás bien?, ¿Te duele algo? Contestaba muy bajito sí o no, además de la sonrisa. Pero nunca una queja, un pedir algo; todo le parecía bien, era paciente, se conformaba con todo.

Una larga vida de servicio a Dios y a los demás, en la Compañía de Jesús. El Señor le habrá recibido también con una sonrisa de agradecimiento y cariño.

Descanse en paz el P. Javier de Santiago.

Rafael Mateos Poggio S.J.

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