Semblanza del P. Vicente López Millán SJ

El P. López Millán, con sus 83 años, había gozado de una excelente salud, pero a principio de diciembre comenzó con problemas digestivos. Había perdido el apetito, algún vómito… síntomas que comenzaron a preocupar y desencadenaron la serie de pruebas y análisis de rigor. Sin haber terminado todo el itinerario de exploración prescrito, se decidió ingresarle por urgencias y esa misma tarde se preparó la operación, para el día siguiente, que debió extirparle un tumor en el colon.

La operación fue más larga y complicada de lo previsto, y el postoperatorio se dificultó con infecciones, hongos, problemas renales, líquidos que se quedan donde no deben… de tal manera que entró y salió de UCI varias veces, con leves mejorías que nos daban esperanzas, pero en la madrugada del día 31 de enero, una parada cardio respiratorio lo venció definitivamente.

En estos quince días de hospital, sus dos sobrinas, hijas de su único hermano, mayor que él, se desplazaron a Valencia y estuvieron muy pendientes de su tío, junto con la comunidad.

Al cerrar la vida terrenal de Vicente, al despedirnos de él, podemos preguntarnos: ¿Quién ha sido este hombre?

Ha sido una persona de carácter tímido, discreta, humilde. No buscaba protagonismos, ni escenarios, ni lucimiento. Eso no iba con él. Su presencia era siempre valiosa, pero desde el rincón, desde la segunda fila.

Un tipo con un humor fino e inteligente, nunca hiriente, pero que sabía descolocar y caricaturizar, que ayudaba a pensar. Y también que distendía. En la quiete comunitaria, mientras tomábamos café, no faltaba su intervención ingeniosa repartiendo juego a unos y otros aficionados de los diversos equipos de fútbol.

Hombre también que sabía escuchar. Por talante y por formación generaba confianza, de tal manera que quién tenía delante le abría el corazón, le exponía todas las heridas del alma, a veces muy íntimas y dolorosas, le entregaba eso que no se cuenta a casi nadie. Su interlocutor se sentía atendido y entendido.

Persona también de carácter, con genio, que defendía sus puntos de vista, que no se callaba si le parecía que las cosas no estaban puestas en razón, y marcaba también sus distancias y su territorio.

Como nos dijeron en un correo, dándonos el pésame: era persona de palabra justa, medida y sanadora. Creo que está muy bien definido. ¿Qué ha hecho en la vida Vicente?

Formarse y formar a otros. Loyola, Comillas, Toronto, Roma, EE.UU... fueron lugares que recorrió en busca de los saberes de teología, de moral y de habilidades para el counseling. Saberes que después ha enseñado por largos años en diversos institutos y centros teológicos. Se formó y formó a otros.

Ha sido también un buen gestor. Hombre ordenado y responsable desempeñó tareas de administrador provincial, socio, superior, ministro de nuestras casas. Sabía servir desde ahí también.

Pero lo que ha hecho, sobre todo, y muy bien, es acompañar. Acompañar a grupos, a parejas, a matrimonios, a comunidades de CVX. Lo sabía hacer muy bien. Por el hospital y por su velatorio fueron desfilando muchos matrimonios y contando recuerdos agradecidos de lo mucho que le debían y habían vivido con Vicente.

 

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