Semblanza del P. Alfonso Gisbert Garrido SJ

Una gran persona y un gran jesuita

Tras sus primeros destinos apostólicos en Cádiz, Sevilla, Granada y Málaga, Alfonso llegó a la comunidad de Andújar (Jaén) en 1977. Allí he vivido con él más de 35 años y después algunos otros en la comunidad de Sevilla-Portaceli, y no es fácil
despedir a un compañero con el que he compartido muchas cosas y por el que solo, honestamente, puedo dar gracias a Dios.

Lo que me sale del fondo del alma al recordarlo es afirmar que fue un gran jesuita, y que vivió enamorado de su vocación y volcado en su sacerdocio. Alfonso era un hombre inteligente, de oración, con una fe honda y profunda, austero, bondadoso, disponible, cortés y considerado, y que vivió alejado de la murmuración y la crítica a los demás. En el Colegio de SAFA de Andújar muchas personas le recuerdan con respeto y sincero afecto. Jamás vi en él muestras de enfado o actitudes que dificultaran la convivencia, y siempre elegía el momento adecuado para abordar las cuestiones personales más delicadas. Alfonso era también un apasionado de la educación y la formación de los jóvenes, y tuvo el don del consejo para quienes pedían frecuentemente hablar con él, fueran padres, alumnos o educadores.

Tras el cierre de la comunidad de Andújar, tan doloroso para él, en el año 2013, recibió su último destino ―como jubilado activo― a la comunidad de Sevilla- Portaceli. Volvía al lugar donde muchos años antes hizo su magisterio y a la comunidad del Colegio del que había sido rector. Será su última etapa. Una etapa más pasiva, aunque no menos al servicio del Evangelio, y que él mismo definía ya por su dedicación principal a orar por la Iglesia y la Compañía. No obstante, y hasta que sus fuerzas se lo permitieron, colaboró con mucha constancia y dedicación en la atención sacramental de la Iglesia del colegio, llegando a ser muy querido por los feligreses habituales de ella. Siempre celebraba los sacramentos con unción, hondura y sobriedad.

Su presencia en la comunidad de Portaceli –en la que ejerció sin pretenderlo de verdadero padre espiritual por su sabiduría y profundidad humana–, generaba muy buen ambiente, a la vez que recentraba y pacificaba la vida de los que tenían ritmos apostólicos más intensos. Y mantuvo siempre encendida la llama de la oración comunitaria después del almuerzo. A lo largo de su vida disfrutó mucho de la caza de la perdiz en su querida sierra de Andújar, o del fútbol y de casi todos los deportes televisados; y era un gran entendido de la fiesta de los toros, aunque pocas veces se permitía un comentario explicativo sobre lo que sucedía en una corrida. Creo que lo hacía por humildad y para evitar así poner en evidencia la ignorancia de los que nos sentábamos con él a verla.

Un herpes zóster muy persistente, que le hizo sufrir bastante en estos últimos años en Sevilla, aumentó la debilidad que ya experimentaba por una insuficiencia cardíaca que padecía. Cuando le preguntabas cómo estaba decía que sentía continuamente como un “bocado de perro”, aunque nunca perdió la serenidad y la templanza. Con gran docilidad por su parte, y cuando ya se hizo necesario, fue destinado a la enfermería de Málaga, en abril de 2019, para ser mejor atendido y cuidado. Siempre mostró mucho agradecimiento por el personal de la enfermería. 

Un día, en Sevilla, hablando con unos compañeros de comunidad, dijo que a él ya solo le quedaban tres cosas que le mantenían la fe: el Sagrario, San Ignacio y la Virgen María. Y en otra ocasión me dio un consejo para mantener la fe en Cristo: “Mi abandono en el Padre es imprescindible entre estos signos de contradicción de nuestros tiempos. Mi abandono en Dios es exigencia de nuestro amor: Cristo- Eucaristía, la Misa como centro de mi vida cada día”. 

Alfonso ha sido una gran persona y un gran jesuita. Ha vivido una vida plena e intensa apostólicamente, con muchas más luces que sombras, y ha podido disfrutar de ella y de su vocación de servicio hasta casi antes de su fallecimiento. Por ti, doy y damos gracias a Dios. Descansa ahora en paz, amigo.

H. Rafael Ordóñez, S.J.

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