Semblanza del H. Ubaldo García SJ

¡Los enfermeros también enferman! Ubaldo pasó, sin transición, de atender a dejarse cuidar. Difícil de asumir. La enfermedad llegó y ya no hubo marcha atrás.

Felicitando la Navidad, Modesto Vázquez-Gundín, amigo de sus tiempos de Vigo, le decía: “Pido al Señor: te dé fuerza y ánimo en estos momentos que no son fáciles, cuando la enfermedad se empeña en gastar a la persona”. Y añadía:

“Tú sabes, como muy pocos, lo que es la enfermedad, lo que son los enfermos. Los has atendido con cariño y dedicación toda tu vida. Ahora te toca a ti pelear con los efectos de una enfermedad que no es fácil afrontar.

Pido al Señor te dé esas fuerzas que ayudan a vencer el dolor y el malestar que suelen acompañar la enfermedad. Y le pido no menos que puedas dar a todos el ejemplo magnífico con que siempre has atendido a todos, y ahora es a ti a quien le tocan los momentos duros se saberte enfermo.

Un abrazo muy fuerte y que el Señor y María nuestra Madre te hagan sentir su compañía y cariño”.

Cuidar enfermos implica grandes dosis de olvido de sí. Tarea a veces no valorada. Al enfermero “clásico” en la Compañía se le suponía dedicación de veinticuatro horas. Disponibilidad total; horas de acompañamiento, recados: “ve a llevar el reloj a arreglar, tráeme pilas, recoge en la óptica mis gafas, tráeme un libro…”; atender al comedor: desayuno, comida, cena; rezar el rosario; repartir medicaciones, tareas de sacristán, cuidar de las plantas de la galería… Todas estas eras tareas que Ubaldo venía realizando hasta hace pocos meses, hasta que los efectos de la enfermedad minaron su buen hacer.

¿Cuántos desvelos, Ubaldo? ¿Cuántas veces habrás acompañado a enfermos y moribundos? ¡Sólo Dios puede saberlo! El Señor, buen pagador, te lo recompensará… Nada caerá en el olvido. ¡Gracias Ubaldo por tu dedicación y entrega hacia tantos compañeros! Las palabras del Señor en el evangelio de Mateo cobran todo su sentido: “¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo y fuimos a verte? Y el rey responderá: Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mateo 25, 37-40).

El itinerario de Ubaldo tiene pocas paradas, pero todas pasan por el servicio. A partir de 1959, la palabra “enfermería” ocupa el centro de su vida. Basta consultar los catálogos. Desde 1963 hasta 2005, su vida está centrada en el cuidado de la salud en el Colegio Apóstol de Vigo. Otras tareas aparecen; educador, inspector, prefecto de disciplina. Pero, la que apenas desaparece es: “enfermero”. A partir del 2005, Ubaldo estará en esta comunidad de Salamanca. No abandonando en ningún momento su atención-colaboración a la enfermería.

Ligero de equipaje. Pocos objetos entre tus pertenencias. Sin embargo, un objeto en tu cartera me llamó la atención: Desgastada por el uso, una estampa, con la Oración a la Virgen del Colegio Apóstol Santiago de Vigo. ¿Cuántas veces la habrás rezado? ¿Cuántas veces te habrás dirigido a la Madre del cielo con esas palabras?: “Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que uno sólo de cuantos han acudido a Vuestra protección e implorado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Yo, pecador, animado con la confianza, a Vos también acudo oh Madre, Virgen de las vírgenes, que aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante Vuestra presencia soberana. Oh Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén”.

Salamanca, 17 enero 2020

Teodoro García Estalayo

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