Semblanza del H. Claudio de Ponga Garrido SJ

Claudio, el Señor te llamó mientras dormías. El semblante tranquilo y sereno. “El Compasivo y Misericordioso” acudió a tu presencia, sin ruido, sin hacerse notar. Te libró de todos los peligros que pudieran acechar en el horizonte.

Salamanca te recibió en noviembre de 1961, el día en que cumplías treinta y un años. Vocación tardía para aquellos tiempos. Salamanca te despidió cercanos los noventa. Entre medias: cincuenta y un años en Gijón. Y salvo los seis últimos en el Colegio de la Inmaculada, el resto; cuarenta y cinco, viviendo en la comunidad del Natahoyo. Estuviste destinado a tareas educativas en la Escuela Técnico-Profesional del Gedo. Aunque fueron el voluntariado en el Sanatorio Marítimo, y la Pastoral Penitenciaria en Villabona, los que marcaron tu vida. En cercanía al mundo de los enfermos y de los excluidos.

Poco pudiste disfrutar en tu último destino; apenas el año. Sin embargo, llenaste las paredes de tu habitación de recuerdos y reconocimientos de estas dos instituciones gijonesas. Fuiste un leonés, de Matanza de los Oteros, a quien le sentaron bien los aires de la Playa de San Lorenzo en Gijón.

Claudio, con mimo has cuidado y conservado tu colección de cartas firmadas por los últimos Generales; de Arrupe a Arturo Sosa, pasando por Kolvenbach y Adolfo Nicolás. Hablabas orgulloso de estas “reliquias”. Puntualmente por Navidad enviabas una felicitación al P. General. Ellos, con delicadeza proponían palabras, sugeridas -sin duda- por los asistentes del momento. Estas eran tu tesoro. Leer algunas de ellas me da la posibilidad de acercarme a lo que ha sido tu vida en la Compañía de Jesús.

En tu cartera –la que te acompañaba permanentemente-, una pequeña cartulina, con las palabras escritas de tu mano, que en 2017, envió Arturo Sosa:

“He recibido la expresiva carta con la que me felicita usted las navidades y me hace llegar sus mejores deseos para el próximo año. No puedo menos de agradecer la apertura con la que me manifiesta sus sentimientos en estas fechas y me hace partícipe de lo que el Señor va poniendo en su corazón. Veo que tiene bien presentes las grandes aspiraciones de todos nosotros y del Papa Francisco. No olvida la necesidad de paz en este mundo… Sabe que nada será posible si dejamos de ir profundizando cada vez más en el amor al Señor y su Madre”.

Una tarjeta, firmada por el P. Arrupe colgaba en las paredes de tu habitación, junto con algunas fotos de la visita que en mayo de 1970 realizara a Asturias, en su “Escala en España”. Arturo Sosa visitó la comunidad de Salamanca en 2018, e hizo sus ejercicios espirituales el último octubre también entre nosotros. Sobre la estantería no podía faltar una instantánea en la que posabas junto a él. Recuerdo tu detalle de despedida: un bocadillo para la vuelta a Roma, de buen jamón de esta tierra. Mostrabas espontaneidad y cercanía hacia quien guía en estos momentos a nuestra Compañía.

Sobre tu voluntariado en el Sanatorio Marítimo, el P. Adolfo Nicolás, en 2011, señalaba: “Un día se puso usted en pie y salió al encuentro del dolor, resuelto a ofrecer ayuda y presencia antes de que nadie se la solicitase. Ha sido su modo de imitar al Señor”.

Colaboración que se prolongó durante cuarenta años. En palabras del papa Francisco habría que decir que te dedicaste a cuidar de las ovejas estando con ellas, con “olor a oveja”.

Teodoro García Estalayo 6 de marzo de 2020

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