Semblanza del P. Ramón Fabregat Mata SJ

Ramón ha sido para mí un verdadero compañero de camino y un amigo entrañable. Nos conocimos en la puerta del noviciado de Roquetes (cerca de Tortosa), ahora haría sesenta y seis años... Desde aquella tarde, nos hemos ido encontrando y reencontrando en diferentes lugares y etapas de nuestra vida en la Compañía.

Llegamos juntos al noviciado de Roquetes la tarde del 26 de septiembre de 1954. Yo venía acompañado por mis padres y mi hermano mayor. Ramón venía acompañado por su madre viuda, que dejaba para siempre a Ramón, su único hijo...

Nos esperaba en la puerta el P. Pere Ribas, recién llegado como nosotros a aquella casa, terminada la 3a probación. Su abrazo nos hizo sentirnos muy bien acogidos en la que sería nuestra nueva familia, la Compañía de Jesús. Su maestría, a pesar de ser tan sólo el ayudante del Maestro de novicios, nos marcó profundamente y nos acompañaría siempre.

Ramón era hombre de paz, incapaz de hacer daño o de hablar mal a nadie. Pero, eso sí, dotado de una capacidad de ironía muy fina y de un buen sentido del humor. Siempre he admirado su sencillez, quizás incluso candidez, su, en absoluto fingida, humildad. No ocultaba sus orígenes, un muchacho de barrio -su ¡Hostafrancs! - e hijo de obrero llegado de tierras valencianas para la construcción de la Exposición de 1929. No sólo no se escondía de ser hijo de trabajadores, sino que nos explicaba gozoso, y sin ningún complejo, cómo había trabajado de "botones" hasta poco tiempo antes de entrar en el noviciado, un lugar donde la mayoría de los compañeros venían de colegios jesuitas y de familias burguesas de la ciudad.

Con Ramón nos hemos ido encontrando en momentos importantes de nuestras vidas. Los primeros años de formación, en Raimat y en Sant Cugat. Después, dos años de magisterio en Montesión, con el recuerdo presente del joven Pere Claver, que vivió en aquella casa, discípulo y confidente del anciano portero san Alonso, cuya estatua presidía el claustro de nuestra escuela. Durante aquellos años, con Ramón hacíamos a menudo escapadas a la montaña, nuestra pasión compartida y que hemos continuado haciéndolas a la vuelta de África. Juntos hemos ido varias veces al Pirineu de nuestra juventud y también últimamente por la Alta Garrotxa gerundense.

Pero, fue la larga etapa africana en el Chad la que le marcó -nos ha marcado- más profundamente. Primero, como educador en nuestro colegio de Sarh. Más tarde, como formador en el seminario interdiocesano de N'djamena, donde convivimos dos años más. Por todas partes donde trabajaba, se fue ganando el afecto y el respeto de todos los que lo trataron. Quiero subrayar también que su esfuerzo por inculturarse a la vida y a las costumbres de los africanos, no logró disminuir, al contrario, la fidelidad a sus profundas raíces catalanas, que él amaba y defendía con firmeza ante algún compañero con espíritu jacobino.

He dejado para el final lo más importante, sin comparación, y es la clave que explica su vida. Ramón era un hombre de fe, profundamente enamorado de Jesús, el compañero inseparable de todas horas y de todos los caminos. Jesús era su verdadero referente, el Tesoro escondido que había descubierto de pequeño, y por el que decidió entregar su vida. Es Jesús y su Evangelio que fue anunciando por todas partes, a menudo sin palabras, durante sus 85 años de andar por el mundo.

Podríamos hoy hacer nuestro el grito emocionado de Jesús rodeado de su gente: "Te doy gracias, Padre, porque has escondido tus misterios a los sabios y entendidos del mundo y has querido revelar a la gente sencilla del pueblo..."

¡Gracias, Jesús, por tu y nuestro buen compañero Ramón!

Ignasi Anzizu, compañero de Ramón en el Chad
Girona, 10 de abril 2020

Descargar la semblanza en pdf en este enlace: 2020 25 Necrológica P. Ramón Fabregat SJ