Semblanza del H. Esteban Turpín SJ

Conocí más de cerca al Hno. Turpín, cuando él fue destinado a Toledo el año 2003. Allí me encontraba yo y convivimos en la misma comunidad hasta el año 2009 en que él fue destinado a Alcalá de Henares.

Su tarea en Toledo estuvo centrada en la Iglesia de San Ildefonso, que atendía la Compañía. En ella era el sacristán, y ejecutaba su trabajo con gran destreza y responsabilidad. Disfrutaba con el orden y la limpieza que siempre descendía a los más mínimos detalles. Procuraba que todo estuviera siempre a punto. Las personas que asistían al Templo admiraban su trabajo. Y con ellas mantenía una cordial relación.

Como buen religioso mantenía su ritmo de vida espiritual y estaba siempre atento a cubrir cualquier necesidad que detectaba en la comunidad. Semanalmente le gustaba pasar un día en Madrid. Allí recordaba sus años en Areneros, como sacristán; en Alberto Aguilera, como portero; en Maldonado, como encargado de los empleados; y en la Residencia de Almagro como subministro. La visita a Madrid le hacía feliz; de manera que con frío, lluvia o calor, nunca faltaba a la cita.

El año 2009 fue destinado a Alcalá de Henares y allí continuó ocupándose de las capillas de la casa. Y como siempre, limpieza y orden era su distintivo. En varias ocasiones pude observar que, como buen religioso, siempre acompañaba al cementerio a los que fallecían. Ahí manifestaba su amor y cercanía a los Jesuitas.

En el mes de marzo le llamé por teléfono para saber cómo les había afectado el virus. Me sorprendió que no cogiera el teléfono o me llamara inmediatamente, como lo había hecho otras veces. Al día siguiente supe que estaba internado en el Hospital de Madrid. Y el 15 de abril a las 23,30 tenía su último y definitivo destino. Allí, nuestro Buen Padre Dios, sin duda, también le encargará de la sacristía del Cielo; y él, como siempre, buscará el mantel más bonito para celebrar la Pascua Eterna.

Ricardo Rodrigo s.j.

Yo le he conocido solamente estos tres últimos años en Alcalá y estoy completamente de acuerdo con lo que dice Ricardo Rodrigo. Cuando se le preguntaba, su frase favorita era “Tengo siete capillas y cerca ya de los 90 años”. Y era verdad. Entre las de comunidad, enfermería, casa de oración, colegio, eran siete. Unas con más uso y otras con menos, pero atendía a todas y las tenía siempre arregladas hasta el último detalle y preparadas para las celebraciones. Por ejemplo, si estábamos en Cuaresma, con manteles, flores, cualquier detalle, de color morado, y llegaba la Solemnidad de San José, aunque solo fuera para un solo día lo cambiaba todo a color blanco. Preparaba las casullas distintas dependiendo de si era día de feria, festividad o solemnidad. Y eso a pesar de sus años y sus achaques. Vivía para ello, para dar culto a Dios y ayudarnos a todos en las celebraciones.

Cuando venían los seminaristas de Comillas y le ayudaban en Navidad, Semana Santa o verano, se hacía muy amigo de ellos, le apreciaban y seguían teniendo contacto, aunque fuera desde México. Esto le ha pasado siempre. Por todas las comunidades por las que ha pasado, ha tenido siempre muy buena relación con los colaboradores seglares y han seguido manteniendo la relación y la amistad durante muchos años. Le escribían, le llamaban por teléfono, le mandaban unas pastas, que compartía con toda la comunidad. Lo más sonado y esperado siempre era la gran anguila de Navidad, que compartía gozoso con todos.

No pudimos acompañarle en el entierro porque estamos todos confinados en nuestras habitaciones, pero un diácono permanente, que siempre está en la puerta de la Sacramental de San Isidro, le rezó un responso en nombre de toda la comunidad y en nombre de toda la Iglesia.

Descanse en paz nuestro querido Hermano Esteban Turpín, que, como servidor bueno y fiel, el Señor le habrá llevado al Gran Banquete con el mantel más bonito del cielo.

Rafael Mateos s.j.

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