Semblanza del P. Manuel Cantero Pérez SJ

Al día siguiente de la muerte de Manuel Cantero, recibí este mensaje por Whats’App: “Su grupo de exseminaristas te agradecen la información diaria sobre su evolución. Hoy todos los que forman el grupo, de más de 60 miembros, van manifestando su agradecimiento y sentimientos hacia el P. Cantero. En las intervenciones se aprecia el respeto y el cariño que todos le teníamos. Estamos convencidos que ya descansa en el Sagrado Corazón de Jesús del que era gran devoto”. Su primer destino al acabar el noviciado (su segundo noviciado, pues del primero salió justo la víspera del día que le correspondía hacer los votos del bienio y su segundo ingreso -1961- lo hizo como sacerdote) fue de Padre Espiritual del Seminario Menor de la Diócesis de Guadix, que entonces estaba encomendado a la Compañía. Casi sesenta años después, aquellos chavales se mantienen unidos en el recuerdo de una experiencia en la que la presencia de Manolo fue determinante. Y es que, superada la primera impresión que parecía adusta, tenía un corazón que quería y se hacía querer.

“Que la oración que podemos dirigir al Señor tenga toda la ternura y paciencia de Moisés, y toda la caridad de mirar por el dolor ajeno”. Estas son las últimas palabras que Manuel escribió en el blog del Apostolado de la Oración de Málaga. Su primera tarea diaria era un comentario a las lecturas litúrgicas del día. Y eso escribía el jueves 26 de marzo, jueves de la IV semana de Cuaresma. Al día siguiente, 27, era ingresado en el hospital El Ángel tras varios días con fiebre.

El Apostolado de la Oración (aparte del blog diario, dos encuentros mensuales con el grupo de Málaga), largas horas en el confesionario de nuestra iglesia (puntualmente a las 7'10 de la mañana para la primera misa del día), acompañamiento espiritual en la sala de visitas... Manolo era un clásico operario, entregado plenamente a su tarea, a pesar de su deteriorada salud. Su corazón era cada vez más débil (había sufrido dos operaciones a corazón abierto), sus riñones empezaban a fallar, un problema neurológico en las piernas le imposibilitaba cada vez su movilidad. Pero no cejaba un punto en sus tareas apostólicas y la administración de la casa. Era un trabajador incansable.

Su descanso era escuchar zarzuela los domingos por la tarde. Era la afición que le entusiasmaba. De zarzuela lo sabía todo. Tenía varias versiones de muchas de ellas que escuchaba y/o veía con fruición. A las 6 de la tarde, cada domingo, coincidíamos en el comedor: él se tomaba una fruta y yo un café. Y ahí me comentaba con ojos chispeantes lo que estaba viendo: qué tal era el tenor, los fallos del barítono, la esplendidez de la escenografía...

Sí Manolo, sí. Seguro que hay zarzuela en el cielo. ¡Que la disfrutes!

Fernando Motas S.J.

24.05.20

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