Semblanza del P. Jose María Díaz Moreno

Imagino que siempre resulta arriesgado condensar en unas páginas la larga vida de cualquier persona. Pero, cuando esta persona, ha sido un “maestro” en el sentido pleno de la palabra, como jesuita profesor, académico universitario y sabio  acompañante de la vida en el espíritu, el bosquejo resultante, aunque incompleto invita, cuanto menos, al respeto y agradecimiento ante la obra de Dios en quien fue maestro, compañero, guía, profesor, colega, hermano cercano y testimonio de lo que Dios obra en el misterio del ser humano ‘tocado’ por la gracia.


1.- Algunas Fechas
El P. José María Díaz Moreno, S.J. “Dimo” para amigos, alumnos y compañeros nació en Villafranca de los Barros (Badajoz) el 27 de diciembre de 1926; ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús, en Aranjuez con apenas 17 años y en esta casa hizo sus estudios de Humanidades. Terminado su ‘Juniorado’ pasó a Madrid-Chamartín donde estudió Filosofía.

Como era habitual en aquella época fue destinado al ‘Magisterio’. Y, lo fue en su Colegio San José y en su “Villafranca de los Barros”. Tan familiar el Colegio como su Parroquia de la Coronada. En el año 2001 Dimo fue pregonero de las Fiestas en el
Cincuentenario de la Coronación Canónica de nuestra Señora de la Coronada y nos cuenta:

“Abrí mis ojos a la vida en la calle Carvajales, esquina a las Callejas y en la calle Coronada vivió siempre mi familia materna… Recuerdo aquella amplia chimenea de la casa de mi abuela Mercedes… íbamos a despedirnos de mi abuela y dejar allí a mi hermano que vivía con ella, desde que perdimos a nuestra madre… se fue tejiendo mi infancia alrededor de La Coronada…” 

Recuerdo imborrable para nuestro querido Dimo, sin madre desde muy niño, con apenas cuatro años, criado por sus abuelos paternos y su hermana mayor, Mercedes, a la que siempre quiso como una segunda madre. Recuerdo su tristeza y abatimiento a la muerte de Mercedes, solamente calmada por su profunda fe en el resucitado. Dimo nos expresaba cómo la orfandad de la madre había conformado su exquisita sensibilidad y la afectividad que impregnaba su mundo de relaciones para consuelo de los que acudíamos a él y que a él tanto le hacía sufrir en ocasiones.

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