Semblanza del P. Francisco Gómez Camacho

El 5 de febrero moría en Salamanca Paco Camacho, como le llamábamos coloquialmente. 5 de febrero fue también la fecha de la muerte del P. Arrupe, 33 años antes. Y otro 5 de febrero, esta vez de 2013, murió en Madrid José Gómez Caffarena, profesor y maestro de Paco y de algunos de nosotros. Son coincidencias que invitan a hacer memoria agradecida de lo vivido y de los que le acompañamos en la vida, a los que me atrevo a llamar la generación del Concilio. No hicimos el Concilio, pero el Concilio nos hizo a nosotros; nos marcó como generación. A partir de ahí se generaron profundos cambios y abundantes turbulencias en la Iglesia y en la Compañía de Jesús, a través de las cuales Paco supo navegar y mantenerse fiel en el seguimiento que se pide a un compañero de Jesús.

Paco nació en Granátula de Calatrava (Ciudad Real). De donde salió para venir a Madrid, a estudiar en el Colegio de Areneros y encauzar su vocación temprana a la Compañía de Jesús. Terminado el bachillerato, en septiembre de 1956, entró en el noviciado de Aranjuez. Esa primera etapa de su formación estuvo marcada por la sobriedad y el ascetismo que pedían los tiempos recios de la posguerra y el preconcilio. Allí nos conocimos. En el juniorado estudiamos humanidades clásicas, pero también Literatura o Historia del Arte. En las clases de Historia del Arte, que daba el padre Manuel de Juan, Paco era encargado de llevar y poner a punto el epidiáscopo o proyector de opacos, un mamotreto tecnológico antecesor del proyector de diapositivas. De vez en cuando los juniores repetíamos: “¡Hermano Camacho: el epidiáscopo!”

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