Semblanza del P. Miguel Ángel Tocino Mangas
“Hay que estar donde la gente está.”
Con 78 años de edad, tras sesenta años en la Compañía de Jesús y cuarenta y seis de sacerdocio encomendamos la vida de nuestro compañero querido Miguel Ángel Tocino sacerdote de la Compañía de Jesús. Un sacerdocio del que fui compañero en su ordenación presbiteral junto a ocho compañeros, Fernando López Combarros entre ellos. Y que también le llevó a sustituirme como párroco en las cuatro parroquias rurales de las bellas Montañas de Cabrera. Pero más allá de los números, lo que define su vida es algo mucho más hondo, más silencioso y más fiel: su modo de estar. Al acompañar al Superior en la reciente unción de los enfermos en el Hospital de Alcalá recordaba su vida marcada por la sencillez y también la austeridad como su manera de vivir.
Solía repetir con humildad campesina y convicción profunda una frase que se convirtió en su lema de vida: “Hay que estar donde la gente está”. No era sólo una expresión con acento de tierra adentro, era toda una espiritualidad, porque quería estar —y estuvo— con quienes más necesitaban compañía, justicia y consuelo.
Una forma de espiritualidad que alimentaba distintas espiritualidades: la espiritualidad del cuidado con los débiles, la espiritualidad de la tierra, la espiritualidad de la fe y justicia etc. Espiritualidades que valen para el mundo rural y para el mundo urbano.
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