Semblanza del P. Amado Alonso Picón
Dicen que a una persona se la conoce y se la define por la pasión con la que afronta y mueve su vida. Cuando uno recorre la vida del P. Amado Alonso Picón, SJ, fallecido el pasado 20 de enero de 2026 en Villagarcía de Campos, se descubren dos grandes pasiones que le movieron por dentro y le dinamizaron hacia afuera.
La primera pasión es Cristo. Picón era un profundo creyente. Un hombre piadoso, con una fe sólida en el Cristo pobre y humilde de los Ejercicios y muy contrastada por la vida: la fe de aquel niño de Lerma, donde había nacido en 1929 y que pierde a su padre pronto; la del niño que le encantaba jugar con los hijos de los empleados de la fábrica de harina de la que era dueño su padre. La fe del niño que queda triste cuando su madre le deja por primera vez a la puerta del internado del Colegio San José en Valladolid, la del que va a la Escuela Apostólica del Sagrado Corazón de Jesús, la famosa Apostólica de Carrión de los Condes y posteriormente la fe del joven que, con 16 años y allá por el año 1947, entra en el Noviciado de Salamanca de la Compañía de Jesús. La fe sólida y contrastada del jesuita en tantos años de formación y de ministerio, en ocasiones no fáciles, y que confirman su disponibilidad a lo que los superiores le pedían en cada momento, hasta llegar a estos últimos años en Villagarcía donde, fiel al Señor, como siempre, oraba por la Iglesia y la Compañía.
Su vida no se entiende sin un amor apasionado por aquél que es Vigor, Origen y Meta de los sonoros ríos de la vida. Uno de los textos que más hablan de él y que utilizó en la celebración de sus 50 años de jesuita es 1Jn 4, 16: “nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”. Esto es lo que dinamizaba su vida y lo que sostenía toda su vitalidad apostólica.
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