Semblanza del P. José María Guibert Ucín

Josemari, rector de la Universidad de Deusto entre 2013 y 2023, falleció el pasado domingo a los de 63 años de edad. Ingresó en la Compañía de Jesús en Valladolid (1982) y fue ordenado sacerdote en Loyola (1993). Catedrático de la Facultad de Ingeniería de Deusto, con anterioridad a su responsabilidad como rector, desempeñó los cargos de vicerrector para el campus de Donostia-San Sebastián (2003-2008); delegado del Rector para el Desarrollo de la Misión (2003-2007), miembro del Patronato de la Fundación Deusto (2004-2008), director del Centro de Ética Aplicada de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas (2010-2013), y director del Departamento de Tecnologías Industriales de la Facultad de Ingeniería (2010-2013).

Tras dejar su responsabilidad en Deusto en 2023, ocupó la “Gasson Chair” de Boston College durante el curso 2023-2024. Desde el curso 2024-2025, trabajaba en la Universidad Pontificia Comillas como profesor de Ética, y en agosto de 2025 fue nombrado presidente del Patronato de la Fundación Loyola Andalucía.

Junto a su labor en la Universidad, José Mari ha trabajado de manera incansable en los distintos servicios que le fue pidiendo la Compañía de Jesús: fue superior y formador de escolares jesuitas, asistente provincial de CVX, coordinador del Proyecto de la Provincia de Loyola, consultor de la Provincia de España y coordinador del Curso de Liderazgo Ignaciano.

A comienzos de diciembre de 2025, José María sufrió un grave problema de salud. En un primer momento fue ingresado en el Hospital La Paz, donde permaneció varias semanas, y posteriormente fue trasladado a la enfermería que la Compañía de Jesús tiene en Alcalá de Henares; a comienzos de marzo de 2026 fue destinado a la enfermería de Loyola, donde ha permanecido sus últimos días.

Cuesta mucho decir adiós a Josemari. Y cuesta porque no despedimos solo a un jesuita, a un rector, a un compañero de misión, a un hijo, a un hermano o a un tío. Despedimos a una persona querida. Y cuando se nos va alguien querido, duele el corazón; nos duele de verdad. Sesenta y tres años no son edad para marcharse, y menos todavía cuando la enfermedad llega así: rápida, dura, implacable, cambiando el paso de la vida de una manera tan brusca.

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