Semblanza del P. Pedro Armada y Díez de Rivera

Origen

Pedro perteneció a una familia excepcional, tanto por sus padres como por sus hermanos (10 y un niño húngaro de acogida). El ambiente doméstico llamaba la atención, sobre todo, por la cariñosa acogida y la exquisita atención a todos los que pasamos alguna vez por su casa de la calle de la Bola. Entrabas como un amigo, conocido o allegado, y salías con el convencimiento de que formabas parte de la familia. Familia cristiana de honda raigambre espiritual con un gran servicio a la Iglesia y a las obras e instituciones de la Compañía.

Etapa Colegial

Conocí a Perico (así le llamábamos los compañeros) cuando en el curso 1958-59 comenzábamos primero de bachillerato en el Colegio de Areneros. Y seguimos coincidiendo cuando nos trasladamos al renovado Colegio del Recuerdo desde el 59 hasta el 65, año en que concluimos nuestros estudios con el Preu y realizamos el examen de ingreso en la universidad. Durante este tiempo de colegiales, la imagen de Perico era principalmente la de un compañero que arrasaba todos los años en la entrega de premios. El evento que se organizaba para tal fin se denominaba “Proclamación de dignidades”. Había dos tipos de galardones: unos de conducta y otros de aprovechamiento. El culmen fue cuando en Preu salió elegido Príncipe del Colegio por votación popular (de los compañeros del curso): fue la primera vez que se hizo por “sufragio universal”. Perico tenía muy buen cartel en nuestro curso… y eso que no destacaba en lo que especialmente se apreciaba entonces: el deporte. Solía jugar al fútbol en los recreos, pero con más voluntad que acierto.

Un buen día se nos presentó motorizado en el Colegio, pilotando un ciclomotor “Ducati” que había adquirido a base de ir ahorrando, peseta a peseta desde la infancia. Su afición al motor la mantuvo durante toda su vida. Lo mismo que al ahorro. Coincidimos también en la Congregación Mariana: los sábados por la tarde teníamos la “Felicitación Sabatina” en la Capilla de la Congregación, y los domingos nos desplazábamos a diversas periferias de Madrid para impartir la Catequesis a grupos de niños y niñas del barrio  correspondiente. Creo que esta dedicación supuso para los dos un empujón importante a la hora de decidir nuestra vocación a la Compañía de Jesús.

No fue para mí ninguna sorpresa cuando nos encontramos a comienzos de octubre del 65 en el Noviciado de Aranjuez. Después de los primeros votos del año 67, seguimos
juntos cursando los estudios de humanidades, también en Aranjuez, y en los primeros años de Filosofía en Madrid. Como siempre, sobresaliendo en las calificaciones.

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