Semblanza del P. Antonio Olmo Civanto
Un pastor cercano, alegre y evangélico
Despedir a Antonio Olmo —sacerdote, hermano en el ministerio y en la vocación, y como tío entrañable— en el mismo día en que la Iglesia celebra la festividad de Todos los Santos no es una mera coincidencia en el calendario. Es, ante todo, una profunda llamada a la esperanza cristiana. Hoy celebramos la gran fiesta del triunfo de la gracia de Dios, y en ese coro innumerable de testigos que ya gozan de la presencia del Padre, visualizamos con afecto y gratitud el paso por nuestra vida de un hombre bueno, un jesuita cabal que entregó su existencia al servicio del Evangelio.
Vocación y talante: La alegría del Evangelio hecha cercanía
Antonio vivió su vocación sacerdotal e ignaciana sin pretensiones ni vanidades, con la sencillez propia de quien se sabe del pueblo y para el pueblo. Su talante estuvo siempre marcado por un sentido del humor andaluz que desarmaba cualquier solemnidad artificial. Le gustaba aplicar la sabiduría de la vida con refranes y dichos populares que no solo iluminaban las situaciones cotidianas, sino que abrían brecha de forma natural para explicar y acercar la Palabra de Dios a todos, especialmente a los más sencillos. Entre risas y consejos, solía recordar con gracia aquella máxima de que "seamos tú y yo buenos y habrá dos pillos menos", destilando una pedagogía evangélica directa, humana y entrañable.
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