Publicado: Martes, 14 Abril 2015

Dos Pasiones: testimonio de Ramiro Pàmpols SJ desde Honduras

Ramiro Pàmpols, que se encuentra en Honduras nos envía su testimonio desde la ciudad de El Progreso, en la que se encuentra trabajando ahora en la red "Fe y Alegría". 

Después de pasar un tiempo en Tocoa, en el Este de Honduras, colaborando con las comunidades aledañas a esta ciudad, es ya el segundo año que resido en El Progreso (Departamento de Yoro, al Norte del país), una ciudad de 150.000 habitantes a 25 km. de San Pedro Sula, centro industrial de Honduras y la más violenta de Centroamérica.

Mi trabajo es un poco peculiar: atender a los docentes de escuelas Profesionales de “Fe y Alegría” ubicadas en zonas donde “se acaba el asfalto”, en lo que respecta a su cultivo personal, interior, de maduración humana y espiritual, a fin de que sean ellos y no un sacerdote quienes hagan un trabajo pastoral con sus alumnos.

He recuperado mi jornada laboral de toda la vida como sacerdote obrero: de 8 a 5 de la tarde cada día, incluido el sábado por la mañana. Dedico los sábados por la tarde a la celebración de la Eucaristía en pequeñas Comunidades de Base (las CEB), situadas alrededor de la ciudad. La intensidad religiosa de estos últimos días de Semana Santa ha sido notable: desde la Procesión del Domingo de Ramos, sus Vía Crucis escenificados por los jóvenes de forma muy realista, el lavatorio de los pies,… hasta la Vigilia Pascual a lo largo de tres horas y media, en la que la gente sencilla vierte toda su fe en el Señor Resucitado.

Sin embargo, existe también una Semana Santa “paralela”, tan dramática como la de Jesús: por ejemplo, la joven madre que lleva tres años sin ver a su compañero emigrado a los EE.UU. sin papeles y que estos mismos días de Pascua ha contratado un “coyote” (guía clandestino) por 5.500 dólares para pasar la larga frontera de más de dos mil kilómetros, con su hija Lohany de año y medio, a través de lugares inverosímiles, cada vez más solitarios y difíciles de recorrer debido al aumento creciente de vigilancia  desde la mitad de México hasta Tijuana y otros puntos “calientes” de la frontera.

Gloria, la abuela de la pequeña, mamá de la joven, me cuenta esta mañana que ella misma sufrió el secuestro de otra de sus hijas hace unos años, sin saber nada de ella durante un mes hasta que pudo escapar con otras jóvenes hondureñas. La tensión que le produjo “está afectando mi salud todavía hoy”, me confiesa. La familia entera está pendiente ahora, a través del teléfono, del camino que recorre la hija más joven con su niña, camino de EE.UU. Quedarán tranquilos cuando se entregue a la “Migra”, como dicen ellos, o la obliguen a regresar. Esta mañana, al pasar junto al kiosco de la abuela, me ha dicho con cierta satisfacción que ya estaban en Chiapas. Espera que el próximo miércoles haya pasado el peligro principal y estén cerca de su destino.

Hablamos de más de un millón de migrantes ilegales de este país que residen actualmente en EE.UU. A nosotros nos corresponde abordar este problema con sus hijos y sus esposas que acuden a Fe y Alegría para contarnos su situación y cómo les hiere esta larga separación que en principio se pensaba para “dos años”, pero que luego se prolonga indefinidamente para un buen número de maridos o esposas.

Apunto este grave problema como podría hablar de otros tan duros como éste: la enorme pobreza que está en la raíz de la migración: un 62% de pobres en el país, 50% en pobreza severa. Una corrupción institucional enorme que abarca desde los Partidos políticos, policía y el ejército hasta jueces y fiscales. Las “maras” (pandillas organizadas en los barrios, como una especie de “segundo poder”) que han hecho de la extorsión una forma de vida, los “sicarios” que están al servicio del crimen organizado, dispuestos a matar a personas incómodas, periodistas de investigación, funcionarios honestos, abogados que defienden las tierras de los campesinos del Bajo Aguán,… y una especie de “venta” del país a empresas multinacionales en búsqueda de metales, agua, lugares turísticos,… Y el narcotráfico que se sirve de Honduras como lugar de paso hacia el Norte.

¿Por dónde empezar un posible cambio? No es fácil dar una respuesta realista. Puede decirse que el pertinaz “trabajo de persuasión” que supone la atención a los jóvenes en nuestras escuelas, parroquias y universidades, la emergencia de grupos organizados de la sociedad civil, algunos profesionales, abogados y periodistas de investigación y políticos honestos,… van creando muy lentamente una conciencia colectiva diferente.

Tal vez es un decir por no querer someternos a una pérdida de esperanza más o menos inconfesable… Honduras, un bello país del Caribe, con un sol radiante, hermosas playas y montañas jóvenes de un verde intenso. Bien vale la pena estar a su lado y hacerse eco de su voluntad de “resurrección”.

El Progreso, 11 de abril del 2015.

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