Publicado: Miércoles, 01 Julio 2015

Testimonio: ¿Por qué soy jesuita?

A unos días de su ordenación sacerdotal, David Abad SJ, comparte con nosotros este testmonio de por qué es jesuita: 

Sin duda, ser jesuita no es una opción de vida como otra cualquiera. No lo es esencialmente, en cuanto que supone una vocación, una llamada concreta de Dios, un deseo profundo que se aloja en la más íntima biografía y que uno mismo asume libremente. Dicho de otra manera, de entre las diferentes y valiosas opciones de vida, ser compañero de Jesús supone para mí el camino más pleno y feliz, existencial y relacionalmente hablando.

Por eso, estoy convencido de que la pregunta “¿por qué soy jesuita?” ha de formularse desde otras dos: ¿por quién y para quién soy jesuita? Porque no soy yo el centro de mi vida, “mi” vocación –que indudablemente cuenta con todo lo que soy- ni nace ni se detiene en mi yo, sino que tiende siempre al mayor bien de esta humanidad, especialmente la herida, desde la profunda mirada misericordiosa de Jesucristo. Sólo así puedo entender que mi proyecto es Su proyecto. Es el Señor Jesús el espejo vivo que diariamente me inspira, entiende, sostiene, cuestiona, fortalece y envía. Además, me reconozco parte de un cuerpo universal –la Compañía de Jesús- que desea seguir siendo puente imperfecto en la construcción de este reino de Dios, en todo amando y sirviendo.

Muchas veces se ha destacado de los jesuitas los largos años de estudio y preparación. Con ello se busca la mayor calidad formativa para servir a los demás de la mejor forma posible, ya que se merecen lo mejor. Pero precisamente por esto, asimismo los años de formación buscan la mayor calidez de los jesuitas, el mayor cultivo de las virtudes humanas que –junto a una seria preparación intelectual- nos capaciten profundamente para servir con honestidad y un corazón grande.

Personalmente, este largo periodo de formación en la Compañía, por gracia de Dios, me ha ido haciendo una persona distinta de la que entró en el noviciado con 20 años. Ahora soy más consciente de que lo que realmente importa es que los demás sean felices, que vivan (en su más hondo significado), a pesar de los avatares de la vida; ahora sé más de mi debilidad, limitación y fragilidad, lo cual me capacita para poder ponerme en la piel de otras personas y sentir lo que ellas viven; y no para lamentarnos de esa suerte, sino para levantarnos y andar: es la misma invitación de Jesús de Nazaret, quien siempre se supo sostenido por su Padre. Él es nuestra fortaleza, nuestra roca y nuestro auxilio.

Ahora puedo subrayar más plenamente, desde la profunda amistad con compañeros jesuitas, que la única manera de ganar la vida es perderla, entregándose, en cualquier tarea. Sí, es otra lógica, la del reino. En todo este contexto vivo y quiero vivir mi sacerdocio en la Compañía: siendo mediador sacramental y existencial de la misericordia de Jesucristo; es decir, tomando, bendiciendo, partiendo y repartiendo su cuerpo y sangre, y al mismo tiempo –como él hizo- agachándome ante la humanidad herida para lavarle las heridas, partiéndome y repartiéndome a todo prójimo. Y siempre que sepa, con una sonrisa.

David Abad Cabello, SJ

Reconozco que me quedé unos minutos pensando esta pregunta, hasta que intuí que más claramente la contestaría desde otra mirada: ¿por quién y para quiénes soy jesuita? 

ver +