Publicado: Lunes, 12 Octubre 2015

Ser cauce de misericordia

La semana pasada el jesuita Carlos Gómez-Vírseda participó en la rueda de prensa de presentación de la Campaña del Domund de este año. Carlos (Charlie) acaba de regresar de sus dos años de destino en El Chad en los que ha ejercido como médico en el proyecto "El buen samaritano". Ahora reside en Madrid para estudiar Teología. Ofreció su testimonio a los periodistas, junto con el de otra misionera española destinada en Cuba.

Charlie comenzó hablando de su primero vocación, la medicina y de cómo a los 21 años, estando en 3º de carrera, le llegó su nueva vocación y entró en La Compañía de Jesús y "empecé convencido de que tenía una nueva vocación y había terminado con la medicina", pero "la vida te da sorpresas" y el provincial me acabó destinando de nuevo a la medicina y me orientó para ir a las misiones a África cuando terminara la carrera. "De repente vi que las dos vocaciones que yo siempre había sentido en mí se hacían compatibles en El Chad", explicó con alegría.

A continuación resumió la situación de El Chad, un país africano pequeño, en el centro, en el que la mayoría es desierto, muy aislado, sin tren, ni apenas asfalto, donde la mayoría de la gente vive y muere en su pequeña aldea y en el que el 80% de la población es musulmana. Carlos estuvo trabajando allí en el proyecto "El buen samaritano", que fundó un jesuita italiano hace más de 60 años y que consta de dos hospitales, uno en una zona rural con "dos pedazo de médicos jesuitas que llevan allí toda la vida", contó Carlos, junto con otro hospital en la capital. Porque "este jesuita italiano -continúo- tuvo la intuición de que había que formar a la gente de allí y funda otra hospital en la capital con facultad de medicina (bueno, facultad...un sólo aula y no hay profesores, son profesores que van 15 días a dar un curso y se van)". Carlos fue destinado a este hospital de la capital, ya que hasta entonces no habían tenido un médico en permanencia. Y allí tuvo dos misiones: "Ser médico y maestro, tuve esa doble labor, son como las dos cosas que he visto tanto hacer a Jesús, no las hubiera sabido hacer si no hubiera contemplado a Jesús tantas veces curando y siendo maestro".

Carlos continúo narrando a los periodistas presentes más historias de su día en el ejercicio de la medicina y destacó que para él "La labor más bonita ha sido la de ser maestro de chicos jóvenes, musulmanes y cristianos, hombres y mujeres, chadianos; teníamos hijos de ministro y los que pagaban su escolaridad con un saco de mijo porque estaba todo becado". A mis alumnos yo les decía siempre que podíamos "curar a veces; cuidar siempre".

Su experiencia "de corazón" la resume en esta frase: "ha sido un paso de la enfermedad, al paciente y del paciente al hermano (...) Al principio te llega la enfermedad, qué dosis le pongo y luego con el tiempo, ya no es una tuberculosis sino Amina, Asha y luego, en un segundo momento y desde la oración, he ido descubriendo el paso del paciente al hermano, que son hermanos tuyos, que son hijos de Dios y eso lo descubrí en las historias más duras, en las que no puedes curar, a los que solo puedes acompañar, descubrir su dignidad, de ser hija de Dios, como tú, como yo (...) me resonaban mucho los Ejercicios". Para él estos casos "como médico me colocaban en mi lugar, no soy un heroe. A veces he sido cauce de misericordia y he podido curar y ha sido muy bonito, pero otras veces no, y saber que Dios está laborando, y dando esa dignidad mucho antes de que yo llegara y mucho después de que yo me vaya... Los misioneros no son superhéroes, son cauces de esa misericordia, a veces dándola, y a veces recibiéndola", concluyó Charlie.

cribe el texto aquí

ver +