Publicado: Miércoles, 13 Abril 2016

Mirando hacia atrás… Testimonio de Álvaro Alemany SJ

Empezaré contando qué me llevó, hace más 50 años, a hacerme jesuita. Y la respuesta es: ¡Estaba cantado! Tenía yo 7 años cuando mi hermano mayor entró en el noviciado, y después de él sucesivamente los otros dos, así que cuando me tocó a mí, el cuarto, plantearme qué hacer al terminar el bachillerato, todo el mundo me decía: ¿Tú también vas a ser jesuita?

Eso me daba mucha rabia y me resistí bastante, pero al final dije sí a algo que me empujaba por todas partes: el ejemplo de mis padres, muy religiosos; la educación del colegio; el horizonte abierto por mis hermanos; la visión de la realidad que iba teniendo. Visto desde mi edad avanzada, la llamada de Dios no venía por cauces extraordinarios, sino por mi contexto humano, incluyendo mi propia manera de ser.

Entonces no me daba cuenta, pero ahora pienso que lo que verdaderamente me influyó fue vivenciar que las cualidades de uno son para hacerlas fructificar en favor de los demás; el crecimiento de mi sensibilidad hacia los problemas de la gente; y, sobre todo, la personalización de mi práctica religiosa, es decir, encontrar, gracias a monitores de los grupos donde estuve, un vínculo muy personal con el Jesús del evangelio.

Con la madurez de la experiencia vital he llegado a la convicción de que la vocación mía no ha quedado reducida a aquellos comienzos idealistas (e ignorantes), sino que es una referencia permanente que se va actualizando con nuevos y sorprendentes acentos a medida que la vida te sitúa en circunstancias inesperadas.

Si miro hacia atrás, recojo algunos momentos especiales en que tuve que dar nueva respuesta: el descubrimiento de la explotación obrera en los españoles que emigraban a Alemania (durante mi estudio de la filosofía), el choque con el ambiente efervescente de la universidad al final del franquismo, donde descubríamos a la vez la revolución política, la sexual y la científica; la demanda de asumir responsabilidades eclesiales con la ordenación sacerdotal; la confrontación con la miseria, el dolor y la muerte a lo largo de muchos años de pastoral popular… y así en otras ocasiones incluyendo cuando hace pocos años, conduciendo de vuelta de una reunión provincial, me invadió la convicción de que tenía que optar de nuevo, una vez más, por la Compañía de Jesús concreta de hoy.

En medio de tantas conmociones, la experiencia de fondo que me sostiene se podría resumir quizá en saberme agarrado por el Señor desde mis propias raíces vitales. Y eso es a lo mejor lo que se suele llamar ”vocación”.

Álvaro Alemany

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