Publicado: Sábado, 23 Abril 2016

Jesuitas Españoles en China. Por Roberto Villasante S.J

El papel de los jesuitas en China ha sido, sin desmerecer a otras órdenes religiosas que también han hecho una gran contribución, de una influencia enorme tanto para China como para Occidente a muy distintos niveles. La famosa controversia de si los chinos bautizados podían seguir dando culto a sus ancestros entre jesuitas y dominicos dio lugar, por ejemplo, una categoría filosófica que hoy damos por supuesta en cualquier actividad misionera: la inculturación. Las dificultades con las que se enfrentó Francisco Javier en Japón, donde los nativos no aceptaban la doctrina cristiana entre otras razones porque pensaban que si era tan buena los chinos, cuya civilización era la referencia para ellos en aquel tiempo, ya la habrían adoptado hizo que se replanteara por completo la manera de evangelizar. A diferencia de lo que sucedió en América Latina o Filipinas donde en mayor o menor grado se reprodujo un modelo de cristiandad.

Otro de los factores que propició la “política de la adaptación”, lo que hoy conocemos como inculturación, fue la dificultad de traducir la fe a un idioma y una cultura como la japonesa. Había términos similares a “Dios” pero que no se correspondían exactamente con lo que los cristianos entendían por Dios. Esto le dio muchos dolores de cabeza a Francisco Javier quien pensaba que el asentimiento de la voluntad a la verdad revelada era condición necesaria para la salvación, y esa imprecisión terminológica impedía la salvación de los conversos. A consecuencia de esto Alejandro Valignano y Mateo Ricci tuvieron que plantearse un nuevo modo de evangelización. Era necesario adentrarse en la historia y la cultura china para poder así recuperar o recrear una terminología religiosa que sirviera de caldo de cultivo para una futura cristiandad. Esto llevó a que la misión de China adquieriese unas características únicas en comparación con otras. Los jesuitas tenían que adiestrarse no sólo en la lengua china sino también en música, caligrafía, literatura, filosofía o etiqueta. Esto hizo de los jesuitas adoptaran tanto los ropajes del lugar como la lengua china como lengua de la misión. En Japón y en otros lugares del mundo la lengua de la misión era la lengua de procedencia. La evangelización se hacía por medio de catequistas locales que aprendían los rudimentos de la fe y de la lengua de los misioneros.

Sin embargo, la misión de china no sólo introdujo la ciencia o la filosofía occidental en China sino también fue una ventana para dar a conocer China a occidente. Muchos intelectuales occidentales tenían noticia de una civilización que había inventado la pólvora y la imprenta mucho antes que los europeos por medio de los jesuitas. El más conocido de ellos fue, sin duda, el filósofo y matemático Leibniz.

La presencia de jesuitas españoles en China ha sido comparativamente inferior a la de otras naciones por razones obvias: España ha tendido a concentrar su presencia misionera en América Latina. Sin embargo, entre esa pléyade de intelectuales y misioneros jesuitas también hay un hueco para algunos jesuitas españoles que entregaron generosamente sus vidas por el pueblo chino. El libro de “Jesuitas Españoles en China” es precisamente un homenaje a todos esos misioneros. 

El libro está dividió en dos partes. La primera parte con las tres generaciones de jesuitas que se corresponden con la llegada de la primera generación de jesuitas, con Mateo Ricci a la cabeza, y se cierra con la prohibición y posterior expulsión de los misioneros por edicto del emperador Yongzheng en 1724. La segunda generación se abre en 1842 con la invasión de China por parte de las fuerzas extranjeras hasta la llegada del partido comunista al poder en 1949 y la tercera de 1949 a esta parte. La segunda parte se compone de algunos artículos monográficos sobre las obras y los jesuitas españoles en China. 

De la primera generación destaca sin duda el madrileño Diego de Pantoja, natural de Valdemoro. Fue el sucesor de Mateo Ricci como superior de la misión de China en Pekín. Tanto el conocimiento de la lengua como de la cultura china fue superior al de Ricci, si bien su contribución se ha visto oscurecida por la mitificación de la figura de Ricci. Es una figura que está todavía por estudiar si bien hay algunos estudios en chino sobre él. En el aspecto de inculturación también hay otras figuras como el P. Carmelo Elorduy, que escribió varios libros sobre filosofía china, o el P. Fernando Mateos quien, junto al P. Ignacio Arrizabalaga y el P. Miguel Otegui escribieron el Diccionario Chino-Español.

Hay otros muchos jesuitas españoles que dieron una gran contribución en otras áreas. Así el P. Luis Ruiz, fallecido hace unos años, trabajó muchos años en las calles de Macao ayudando a los chinos que salían de la China comunista sin nada. En China continental también abrió numerosos leprosorios. En el apostolado social también cabe destacar el P. José Ellacuría quien inició el movimiento sindical en Taiwán creando la institución Rerum Novarum que hoy se dedica a la atención de trabajadores inmigrantes.

Los hermanos jesuitas también han jugado un papel fundamental en la misión. En China continental a principios del siglo pasado atendiendo a numerosos enfermos en los dispensarios de la misión de Anking y Wuhu. Y tras la expulsión de China abrieron en Hsinpu, Taiwán, uno de los primeros colegios técnicos del país donde se han formado muchísimos jóvenes de etniahakka o aborígenes taiwaneses. Muchos de estos aborígenes eran enviados de las montañas de Hsinchu donde había un equipo de jesuitas españoles trabajando con ellos

Roberto Villasante SJ

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