Publicado: Martes, 26 Septiembre 2017

Celebración de jubileos en Villagarcía de Campos

En Villagarcía de Campos, donde hicieron el noviciado de su formación jesuítica, ocho compañeros celebraron el pasado fin de semana sus 50 años de vida en la Compañía de Jesús. Fueron días de recuerdos y agradecimiento inmenso por tanto bien recibido y por sus vidas entregadas al Señor y al servicio de los demás.

Los años sesenta del siglo pasado fueron tiempos convulsos, con el mayo del 68 y la recepción del Concilio Vaticano II, que provocaron una profunda transformación social y eclesial. En ese contexto, los hoy jubilares Luis María García Domínguez, Salvador Galán Herráez, Prudencio Merino Campos, Javier Velasco Pomar, Joaquín Barrero Díaz, Juan Ignacio García Velasco, José Luis Martín Pajares y Miguel Juárez Gallego entraron en la Compañía de Jesús como respuesta a la vocación recibida. Era 1967. El mismo año ingresaron también José María Ferrero Muñiz y Fidel Sancho Bratos, ambos hoy en Centroamérica.

El grupo celebró su efeméride, “privadamente”, el viernes por la tarde con una eucaristía en la Capilla del Noviciado, presidida por Salvador Galán. Tras compartir sentimientos y gratitudes entre todos, Joaquín Barrero entregó a los presentes una espléndida fotografía del Papa Francisco, con una bendición autógrafa y personalizada para cada uno, así como un recordatorio que muestra un cuadro en el que, los personajes de la pasión que ayudaron al descendimiento del cuerpo muerto de Jesús, han sido sustituidos por tres jesuitas, representativos de momentos difíciles de la Compañía: San José Pignatelli; el siervo de Dios, P. Roothaan (segundo General de la Compañía restaurada), y el Padre Arrupe.

Los tres compañeros, rescatando de la cruz y abrazando con profundo respeto el cuerpo de Cristo ultrajado, recuerdan la lección práctica de lo que es una vocación de servicio, que pide entregar cuanto somos y tenemos, porque sólo Dios basta, para mejor amar y servir.

La celebración del viernes concluyó con una fraternal cena en la bodega de la casa de Villagarcía. El sábado por la mañana fue la celebración “oficial”, con una eucaristía en la Capilla del Cristo, presidida por el P. Asistente, Joaquín Barrero y concelebrada por los compañeros jubilares, que agradecieron todo lo vivido y recordaron con sus amigos y familiares aquella llamada que hoy sigue viva.

Muchos destinos, muchas responsabilidades, muchos cambios y una sola misión sobre la que estos jesuitas han forjado sus vidas guiadas por san Ignacio de Loyola. Los ocho compañeros presentes recuperaron la vocación primera que les movió a servir y amar al modo ignaciano en el tiempo presente.

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