Publicado: Lunes, 06 Noviembre 2017

Gérar celebra los últimos votos, palabras con fuerza profunda compartidas en la misa de nueve y cuarto

Gerar Villar Maciñeiras celebró sus últimos votos en la Compañía de Jesús ayer en la iglesia Corazón de Jesús de Valladolid. Fue su compromiso definitivo como jesuita después de 21 años en la orden que quiso renovar durante la misa de 21.15, la eucaristía que celebra cada domingo junto con Roberto Otero. Le acompañaron sus padres, sus compañeros jesuitas “apasionados por Cristo, frágiles”, sus amigos y quienes forman parte de la familia ignaciana de Valladolid. Para entender su compromiso definitivo, el provincial de España de la Compañía de Jesús, Antonio España,  profundizó en este signo que entrañan los votos de obediencia, castidad, pobreza y el cuarto voto pronunciado en la sacristía de obediencia al Papa. “¿De qué estamos hablando?”, se preguntó. “Hablamos de una entrega definitiva, de volver a Jesucristo y de poner todo el trabajo hacia él”. Las palabras pronunciadas por Gérar son palabras con fuerza profunda.  Porque responden a la llamada de Dios de hacer realidad el sueño que tiene para cada uno; porque ponen a Dios en el centro dejando que sea Él quien sea en cada uno; porque son la única manera por la que Dios permanece operante en el mundo. “El voto, la promesa, el compromiso tiene fuerza profunda. Hoy hay tantas palabras que dan lo mismo y sin embargo las palabras que pronuncie Gerardo nos van a recordar cómo son nuestros compromisos en el mundo y qué palabras pronunciamos que se convierten luego en vida para otras personas y para uno mismo”. Antonio España también se refirió a los votos privados de cuidar constantemente la pobreza, no pretender cargos en la Compañía o fuera de ella, denunciar a otro si lo hacen y si hubiera que aceptar tales cargos eclesiásticos no dejar de escuchar a la Compañía. “Todo esto se puede hacer no con las propias  fuerzas si no con las fuerzas de Dios. Ignacio pedía ser puesto con el Hijos. Hoy desde esta entrega de Gerardo, queremos cada uno desde nuestro propia vida, ser puestos con Jesús.

La despedida de Gérar fue la ‘fórmula’ dedicada a agradecer y  honrar los amores de su vida. El amor de Dios, por el que desde niño siempre sintió atracción. "Soy suyo y no quiero ser otra cosa". El amor de sus padres y de su hermano, que no pudo acompañarle porque tenía trancazo, ese amor incondicional basado en los principios sobre los que se asienta su modo de educar. "Mis padres son los buenos y generosos que dicen en el himno gallego". El amor de la Compañía de Jesús, de la que se siente agradecido y orgulloso de pertenecer. "Esos hermanos que me han sostenido. Que me han dado lo mejor de sus vidas para que pudiese crecer, estudiar, formarme ir pasando por historias y por experiencias". Gérar dice que sin la Compañía no entiende su vida, por eso la ama. "Allí donde está encuentro casa, hermanos, misión y el sueño de la fraternidad hecho realidad". El amor de amigos, amigas y de quienes le acompañan en esta celebración porque construyen su vida. "Los que con paciencia me aguantáis; me habéis perdonado, rescatado, impulsado. Los que me habéis abierto vuestros corazones, vuestras casas. Los que ya os habéis convertido en mi familia. Sintiendo que le pertenezco a Dios de alguna manera también perteneces a los demás y os confieso que así lo vivo como sacerdote".

Para cerrar la misa sonó la canción inesperada. La que compuso Gérar este verano y que transmite con alegría  el sentimiento que une la comunidad: “Una comunidad es fuerte, una comunidad marcha unida, cuando Jesús está en medio esa comunidad tiene vida”. Y para celebrarlo, la comunidad jesuita ofreció una cena en la residencia. AMDG

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