Una Nochebuena diferente
Para muchos compañeros, esta Nochebuena estuvo marcada por la despedida a Nacho Boné. Es verdad que la muerte forma parte de nuestro horizonte y nuestra fe. También es verdad que convivimos con ella, desde la fe y la conciencia de que es el último paso hacia el encuentro con el Padre. Y es verdad, por último, que cada año despedimos a bastantes compañeros que, cumplido su camino, emprenden ese último viaje. Pero también es verdad que la muerte de Nacho Boné parece llegar demasiado pronto, a los 51 años. Y que por su carácter afable, su presencia todos estos años en Madrid, su carisma para convertirse en vínculo de unión de muchos compañeros, y su cercanía con tantos jesuitas de la provincia, deja un hueco muy grande. Y sin embargo, esto es parte de la vida. Y de la fe.
El funeral de Nacho, en la abarrotada capilla del colegio de N.S. del Recuerdo, en la mañana de esta Nochebuena, resultaba una celebración marcada por algunos contrastes. Una fecha que nuestro calendario invita a la alegría, pero ahora estaba atravesada por la tristeza. Muchos reencuentros de compañeros que no nos veíamos desde hacía tiempo, pero esta vez lo hacíamos con menos ganas de hablar.
Sin embargo, lo bonito es confiar en que, también en medio de estas situaciones, se encienden luces de esperanza. Ayer, 24 de diciembre, por la tarde, nuestro compañero Luis Emilio Gil de Vergara escribía al provincial. Su testimonio es una de esas luces, y seguro que hay otras. Le agradecemos el poder compartirla. Y seguro que sus palabras son compartidas por muchos...
« ¡Cuántas veces, ante una muerte, nos decimos por dentro que es una triste gracia! Hoy, cambiaría el orden de esa frase: la muerte de Nacho Boné ha sido triste por lo inesperado y por el momento, pero ha sido una gracia. Así lo he vivido yo.
Ha sido una gracia ver a tantos jesuitas conmovidos. Quizás ha sido un momento de unidad provincial de esta provincia que corre el peligro de andar, a veces, un tanto deslavazada. Yo conocía a bastantes jesuitas, pero también había un buen número a los que no ponía nombre y otros a los que ni siquiera me sonaba la cara. Y nos hemos sentido unidos en la oración y en la conmoción por la muerte de un hermano muy querido. Me he sentido Compañía que reza unida, Compañía que comparte una misión. He sentido la cercanía de mucha gente que nos quiere y que también dan su vida desde su condición laical y familiar.
Y, sobre todo, ha sido una experiencia de gracia y de fe en el Dios Salvador y trascendente, de fe en la Resurrección en Él.
He sentido que hemos hecho Compañía y hemos fortalecido nuestra fe. Por lo menos yo»