Publicado: Miércoles, 06 Marzo 2019

IV Jornadas de Pastoral Familiar

Alguien citó en la reunión el “Contamíname, mézclate conmigo” de Ana Belén y Víctor Manuel. Algo de eso sentí a mi regreso: volví contaminado de ideas y retos vividos con fiebre ignaciana, inoculada por compañeros laicos que viven apasionadamente su compromiso familiar en sus respectivos grupos de referencia. Llamaba la atención esa mayoría de laicos rezumando espiritualidad ignaciana en su compromiso vital. Eso hace cargar pilas de ilusión al sentir un “vivir en Compañía”, como miembro de una gran familia.

Aunque en mi trabajo diario de jesuita no estoy implicado “directamente” en la pastoral familiar, ¿quién puede decir que no lo está, ni le interpela el reto de algo tan transversal y básico como es la familia, “caja de resonancia de nuestra sociedad”?

Una de las cosas que llegaron a impactarnos, es la cantidad de situaciones familiares que se salen del “modelo clásico” de familia: el divorcio, la separación, el colectivo de homosexuales cristianos, como situaciones normalizadas en nuestra convivencia social y familiar. Estamos llamados a acoger y acompañar a todos ellos, con unos criterios que exigen actualización desde el Evangelio.

Para terminar, me gustaría mencionar el encuentro con Mons. Juan José Omella, cardenal arzobispo de Barcelona que, con su habitual tono jovial, cercano y sencillo, fue compartiendo su visión sobre la problemática familiar. Un acierto haberle invitado tanto para ese rato de diálogo como para que presidiera la eucaristía. Enhorabuena a los organizadores. Señalaré sólo una limitación: habría merecido la pena haber congregado a un mayor número de asistentes. El tema de la familia lo merece.

Alberto Pérez Pastor SJ   

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