Publicado: Jueves, 14 Marzo 2019

Mi experiencia en el Macroencuentro

¿Un encuentro de jóvenes MAG+S de toda España? ¿A mitad de curso? ¿Sólo un fin de semana? ¿Y qué hacemos?

Allá por el mes de mayo a un grupo de gente involucrada en el trabajo pastoral con jóvenes MAG+S (18-30 años) se le ocurrió que podría ser una buena iniciativa tener un encuentro de jóvenes de toda España para conocernos, para compartir el aire de familia, para sentirnos respaldados unos y otros y, sobre todo, para avanzar juntos hacia un conocimiento más íntimo de Dios por el camino de la espiritualidad ignaciana. Lo que en el inicio era una simple idea fue cobrando forma poco a poco. 

Varias palabras pueden ayudarme a expresar mi experiencia personal en este Macroencuentro

1. Soñar

Como decía León Felipe «¡Soñar, Señor, soñar!». Porque las locuras a veces pueden hacerse realidad y como cantábamos el sábado: «De todas formas sé que es necesario andar contracorriente en esta tierra y que en el fondo merece la pena estar loco».

2. Responsabilidad

Porque el desafío era grande. Los jóvenes que arriesgan y se animan a participar en esta o alguna otra de las experiencias MAG+S se merecen no solo que les entreguemos nuestro tiempo y nuestro esfuerzo, sino también que les ofrezcamos algo de calidad. Queremos que sientan la presencia del Dios principio y fundamento, del Dios que llama, del Dios que se encarna, del Dios que muere y resucita por nosotros.

3. Equipo

Porque este Macroencuentro ha sido posible gracias al esfuerzo y la generosidad de mucha gente que han dedicado tiempo (a veces sacándolo de horas de sueño, o quitándoselo de su propio ocio) y cariño para que todo saliese bien. Porque nos hemos sentido un verdadero equipo y todos teníamos la tranquilidad de sabernos respaldados y de que donde uno no llegaba llegaría el otro. Porque hemos sabido repartir responsabilidades, delegar y confiar en los otros. Porque el MacroEncuentro ha sido una encarnación real de esa misión compartida de la que tanto hablamos pero que no siempre es posible llevar a la práctica.  Y porque todos sabíamos que iba a salir bien, que Dios velaría por nuestros esfuerzos, nos acompañaría en nuestros desvelos y nos daría la capacidad de salir adelante en las complicaciones.

4. Agradecimiento

A tanta gente y por tanto: A los jóvenes que dieron un paso adelante y confiaron en nosotros. A todas las personas e instituciones que lo han hecho posible: las familias de acogida por abrir sus puertas y dar techo y descanso a los jóvenes; el Colegio del Recuerdo y a la Universidad Pontificia Comillas que nos acogieron y nos facilitaron la logística; todos los agentes de pastoral que animaron, acompañaron y prepararon este encuentro; quienes se ofrecieron a preparar una actividad o un taller-testimonio o una charla; los artistas que prestaron su talento y su voz. Pero, sobre todo, agradecimiento al Buen Dios, que nos animó a soñar y a arriesgar; que se nos hizo presente de mil modos distintos a lo largo del día y medio que duró el Macroencuentro: en los compañeros, en las actividades, en los testimonios, en la música, en los ratos de oración y en una Eucaristía compartida con las familias del Colegio del Recuerdo donde pudimos sentir a Dios de manera especialmente intensa y cercana.

El domingo, cuando los jóvenes emprendían el camino de regreso a sus casas, les brotaba una sonrisa, un abrazo y una pregunta: «¿Cuándo será el próximo encuentro?»

Ignacio González Sexma SJ

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