Publicado: Martes, 28 Mayo 2019

Despedida a la comunidad jesuita de la Inmaculada

El sábado se celebró en el colegio de la Inmaculada de Gijón la despedida a los jesuitas de la comunidad que cerrará sus puertas el próximo mes de junio. Se iniciaron los actos con una interesantísima charla impartida por el profesor del colegio y actual Jefe de Estudios, Ignacio Menéndez, sobre la historia de estos 128 años de comunidad por la que han pasado 542 jesuitas.

Una foto de familia en el patio de la Virgen Inmaculada con todos los asistentes, que representaban las diferentes actividades vinculadas al colegio y a las diferentes obras de la PAL de Asturias, encabezados por el equipo directivo del colegio, las asociaciones de padres y antiguos alumnos; los profesores que fueron del centro don Carlos Valdés y don José Antonio Fidalgo; los directores del San Ignacio y del Hogar de San José; y una representación del los equipos de pastoral, colaboradores de la antigua parroquia y de grupos de oración de Gijón.

La capilla de San José acogió la celebración de la eucaristía de acción de gracias por tanto bien recibido. Estuvo presidida por el P. Inocencio Martín SJ, al que acompañaron el director del colegio P. Alfredo Flórez SJ, el superior de la comunidad, P. José Manuel Peco SJ ; el Vicario Episcopal de Gijón Oriente y párroco de Villaviciosa, Jorge Cabal y el P. Simón Cortina, director del colegio del Corazón de María y desde hace escasas fecha presidente de Escuelas Católicas de Asturias. Compañeros jesuitas de la comunidad del Natahoyo y de Oviedo estuvieron también presentes y el párroco de San Nicolás de El Coto, Fernando Fueyo, estrechamente vinculado a la Compañía desde su etapa de estudios en Comillas.

En la posterior comida celebrada en el comedor colegial se rememoraron, en las diferentes mesas, anécdotas y comentarios sobre estos años de presencia jesuita que ahora proseguirán de otra forma, al agruparse en el Natahoyo y en Oviedo los jesuitas actualmente destinados en la PAL de Asturias.

Al P. Antonio Pérez SJ, como es habitual en todas las celebraciones, se le encargaron sus tradicionales ripios. Los compuso, pero no los quiso leer porque le salieron excesivamente ripiosos, como puede verse a continuación:

¡ADIOS, GIJÓN!─SALAMANCA, ¡HOLA!

Asturias, mojada y verde;
seca y ocre, Salamanca.
Las dos estáis en el mundo;
y el mundo es nuestra casa,
porque de todos los sitios
está Dios a igual distancia

***
Que olvide, Gijón, tus calles,
tus paseos y tus plazas,
el colegio y el olor
del viento y sal de tu playa…
no lo quiere; lo prohibe
La indiferencia ignaciana.

¿Cómo olvidarme del mar
desde San Pedro a la estatua
de la madre dolorida
del emigrante y amarga,
abrazando en el vacío
al hijo que se le marcha?
Las olas que van y vienen,
y contra el muro se estampan,
vuelven rotas a la mar,
contado una historia larga:
conmigo va; yo la llevo
a decirla en Salamanca
y a orvallar de azul marino
su tierra infinita y parda.

***
La mirada que en Asturias
se encoje entre sus montañas,
choca con ellas y cae
al valle y se duerme y calla
y en su media luz reposa…
…ahora, de pronto se ensancha
y cambia la hierba dulce
de los prados por la ácida
gritería de un sol guerrero
como un erizo de espadas.

***

Dejo las noches despiertas
bajo nubes de almohadas
para entrar en otras noches
que en belleza se desangran
por las heridas de oro
de estrellas desparramadas
como cosecha de trigo
de una era seria y alta.

***
Junto a los musgos de Asturias
pongo tus piedras doradas:
Salamanca, ¡Hola!
Gijón ¡Adiós! (Mi Gijón del alma)

Antonio Pérez, S.J.

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