Tercera Probación – Puente Grande (México 2018-2019)
Hace casi 19 años que entré en el noviciado Jesuita en Zaragoza. Echando la mirada atrás reconozco agradecidamente un crecimiento en todas las dimensiones de mi ser personal, social y espiritual durante estas casi dos décadas como Jesuita. Para completar mi formación, en Noviembre pasado fui a México a gozar de la última etapa, lo que en la jerga Jesuita se conoce como la tercera probación que consiste en seis meses de dedicación a la relectura y profundización de la propia vida a la luz del carisma Ignaciano.
De estos meses quisiera destacar tres elementos: espiritualidad, compartir y cotidianidad.
El primero, centrado sobre todo en la oportunidad de hacer de nuevo el mes completo de Ejercicios Espirituales como escuela de oración, profundidad, autoconocimiento y sanación. Después de años de vida muy vertida hacia fuera, este ha sido para mí un tiempo privilegiado de recuperar el centro, la hondura y remendar el corazón. También ha sido momento para sentir la confirmación de la vocación a la Compañía como mi camino hacia Dios. Y sobretodo ha sido oportunidad para experimentar la presencia paradójica de Dios: por un lado, en su total humanidad en Jesús de Nazaret y su pasión por el Reino de justicia y por otro lado, a la vez en esa discreta, callada, silenciosa experiencia de sentirse sostenido por la Vida como Misterio insondable. Inmanencia y trascendencia; encarnación y divinización; palabra y silencio; pasión y gloria; despojo y plenitud.
En segundo lugar, poder compartir estos meses de renovación interior con otros siete compañeros Jesuitas provenientes de lugares diferentes y con itinerarios vitales muy diversos ha sido un regalo. Hemos vivido una experiencia de comunidad profunda, de llamada compartida, celebrando la diversidad como riqueza y no como amenaza. Nos hemos sentido compañeros de Jesús siguiendo los pasos de Ignacio de Loyola. Las últimas Congregaciones Generales y las cartas recientes del Padre General nos invitan a reconocer que la vida en común es misión en ella misma. De alguna forma la comunidad de la tercera probación ha sido para mí una concreción de esta llamada a la vida compartida como misión.
Íntimamente relacionado con esto, el último aspecto que quisiera destacar de mi tiempo en México es una llamada fuerte al ser más que al hacer. Después de seis años intensos en el Servicio Jesuita a los Refugiados en África Oriental (Kenia y Sudán del Sur) llegué gastado por fuera y por dentro y con ganas de reaprender a vivir más desde la presencia que desde la actividad. Los refugiados con los que establecí amistad ciertamente que valoraban las actividades y proyectos que llevábamos a cabo; pero al final lo que más agradecían eran los ratos pasados juntos, el tiempo de calidad. Aquella tarde tomando un té charlando bajo el árbol, aquel día dedicado con toda la comunidad a aclarar un malentendido, aquella visita a una familia que se sentía sola, los meses imaginando sin prisas como poder ofrecer una mejor educación a sus hijos. Desde la mirada agradecida, sapiencial y pausada de la tercera probación, he redescubierto el valor de lo pequeño, de los detalles. También me he reencontrado con el deseo de vivir desde el lado de la historia que aparentemente no cuenta, desde las cunetas junto con los que quedan excluidos del progreso, viviendo y acompañando lo aparentemente insignificante y fracasado; en definitiva cultivando una mirada y un estilo de vida como los de Jesús, profundamente enamorado del Dios de los pobres.
Profundidad, comunidad y vida cotidiana redescubiertas desde el agradecimiento y el sentirme una vez más llamado a vivir y vivirme en Compañía desde Dios al servicio de los más desfavorecidos.
Pau Vidal Sas, SJ
N.B.: Aquí podéis ver algunos de los escritos de estos últimos años con el JRS: http://enpau.blogspot.com/